domingo, 15 de abril de 2012

El Glee nuestro de cada día

Estamos viendo la tercera temporada de Glee. Me encanta, no lo puedo remediar. Recuerdo que al principio me parecía lo peor, muy infantil y con unas tramas de culebrón insoportables. Además eran veintitantos episodios... ¡¡Por el amor de Alanis Morissette!! ¡¡Yo que le había prometido al Hambre probar con la primera temporada, sin saber que eran tantos episodos!! (Maldito filibustero, él sí lo sabía...) Sin embargo, los personajes se iban caricaturizando a cada paso, las tramas, sin dejar de ser "culebrónicas", se volvían cada vez más divertidas y las canciones que cantaban mejoraban por momentos. Creo que fue el episodio en el que cantaron "Halo/Walking on sunshine" el que me enganchó totalmente, y el que dedicaron a Madonna el responsable de mi adicción.


(Perdonad por los anuncios en las canciones, pero eso no depende de mí :_(  )

Para aquellos o aquellas que no lo hayan visto nunca, esta serie trata de un grupo de adolescentes de instituto que se unen al coro del mismo, y van educando sus voces a través de diversos ejercicios que el profesor les propone semanalmente. Esto les hará ir mejorando y creciendo vocalmente para poder presentarse a distintos concursos corales. Esta podría ser la trama de inicio, pero paralelamente tenemos: la rivalidad entre el profesor del coro (y español...) y la entrenadora de las animadoras, a la que le restan presupuesto para poder mantener ambas asignaturas (si es que se puede llamar así a lo que ambos imparten, porque aquí en España esto que ellos hacen serían clases extra escolares que cada uno tendría que subvencionarse); los problemas típicos de la adolescencia: el amor, la identidad sexual, el embarazo, el matrimonio o la inserción en la universidad deseada (lo típico); y los problemas de los adultos que rodean a estos jovenzuelos: el amor, el engaño dentro del matrimonio, el cumplimiento de las metas e ilusiones llegados a una edad o el trastorno obsesivo compulsivo (lo típico); todo esto salpicado de números musicales y canciones versionadas por los alumnos y profesores, eso sí, casi nunca originales ya que al productor, Ryan Murphy, lo que le motiva es la copia de la originalidad de otros (a cada uno le gusta una cosa, y a este lo que le va es pagar derechos...).

Lo que más me fascina de esta serie son los medios de los que se supone que disponen los adolescentes  en los institutos americanos, para dar rienda suelta a su pasión, para desarrollar sus capacidades vocales y la disposición de los músicos de la clase del coro (Glee Club) para ponerse a tocar todo lo que se les antoja a los chavales cantarines. Les dan una partitura y según les llega, ahí esta el hombre del piano, cuatro violinistas, el de la guitarra y el de la batería, a cualquier hora y en cualquier momento, cuando están todos los chicos y chicas en clase o cuando se les emperejila a dos de ellos que tienen que ensayar en el "pedazo" de auditorio (que me río yo de algunos teatros de la escena madrileña, comparados con el teatro de este instituto). Eso sin contar todos los secretos que se llegan a confesar estos jovencitos delante de los músicos, que tienen que estar hasta las narices de aguantar sus besitos, sus aires de grandeza y sus canciones de Barbra Streisand en falsete porque están tristes ya que valen mucho y nadie lo sabrá nunca... 
Y no hablemos ya de los efectos de luz, sonido y escenografía que se pueden llegar a montar para un simple trabajo de clase (Singing in the rain/Umbrella, con lluvia en el escenario... Sin palabras. Las señoras de la limpieza de ese "insti" tienen el cielo ganado, o cobran un sueldazo. Aunque recoger los pitotes de estos chicos no debe haber sueldo que lo pague).


Si nuestras vidas fuesen un musical... Serían un pestiño, la verdad. Cada uno con su canción, mezclándose unas con otras, un montón de gente siguiéndote para ser el cuerpo de baile de tu día a día... (¡Las travestis carteristas se iban a poner las botas entre coreografía y coreografía!) Además, habría algunos que desafinarían y sería un auténtico horror insufrible aguantar la vida musical del susodicho. ¡Demos gracias a la Creadora por no hacer un universo de realidad musical!
Sin embargo, pensando un poco para hacer este post, me di cuenta de que hay unos momentos concretos en mi vida, en los que me gusta un tipo de música o unas canciones muy específicas.

Para vestirme, me encanta la canción "Idol Mitai ni Utawasete" de Yazima Beauty Salon. Es tan animada y cursi, que imaginas que el día que te espera estará cargado de novedades, gente buena y amable, siempre dispuesta a una nueva aventura... Nada más alejado de la realidad, porque a menudo sabes lo que te espera y para nada está cargado de novedades y aventuras... Incluso, puede que el día llegue con alguna novedad que suponga un verdadero fastidio (no arranca el coche, te cambian de compañera, falta la profesora de psicomotricidad...). De hecho, esta canción la pongo para arreglarme los fines de semana, ya que los días de diario aún tengo compañeros durmiendo en casa, y a ellos nos les iba a parecer nada molona la canción a las ocho de la mañana...


Cuando voy en coche conduciendo solo me encanta poner copla, Concha Piquer, Lola Flores, Rocío Jurado, Estrellita Castro... Bajo la ventana y de camino a cualquier sitio (por carretera, eso sí, que por ciudad sería un show y aún tengo un mínimo de pudor), hincho los pulmones y me descargo tranquilamente "a grito pelao", soltando al viento los problemas de la Lirio, lo mucho que me gusta mi jaca o el miedo que me da que Francisco Alegre salga a torear esta tarde. Oye, que me quedo más ancho que largo. 


Los días grises, en los que estoy triste, cansado o desanimado, pensaríais que lo que intento poner es algo alegre que contrarreste tipo Corazón Contento, Más bonita que ninguna o Aire, pues no, en estas situaciones lo que me pide el cuerpo es Celine Dion. No tengo yo muy claro por qué será esto, pero la verdad es que ayuda a regocijarme en mi pena, desasosiego y desazón, consiguiendo en mí una sobredosis de dolor interior. Seguramente sea esto lo que haga que al día siguiente el mal estar haya remitido y lo que vuelvo a necesitar es Yazima Beauty Salon.


Así que ved Glee, que pasados los primeros episodios engancha bastante, aprendeos alguna copla aunque sólo sea para liberar vuestras cuerdas vocales en los pequeños viajes automovilísticos y sobre todo no comais melón por las noches, que te deprime al día siguiente y puedes volverte adicto a Celine Dion... ¡Y eso sí que mata!


lunes, 9 de abril de 2012

Aventura en la Granja Escuela Zombi

¿Las vacaciones? Pues bien, descansando mucho y recuperando fuerzas, ya que los tres días anteriores al descanso vacacional, los entrenadores y los orcos fuimos a la Granja Escuela Zombi.

Nos lo vendieron como una nueva experiencia, que no suponía ninguna diferencia con las granjas ordinarias y que además ayudaba a la inserción de los zombis en la sociedad, mejorando su autoestima e imagen frente al resto de grupos sociales. A pesar de mi reticencia y la de mi compañera Aby Argominable, el resto del equipo docente parecía muy dispuesto y emocionado con el proyecto y la experiencia, por lo que dejamos atrás nuestros prejuicios y nos lanzamos a lo que sin duda sería una estupenda aventura.

Al llegar, los zombis nos recibieron amablemente, sin mucho ánimo y efusividad (claro, que para estar  muertos y seguir moviéndose, no está nada mal). El problema es que con los orcos has de ser enérgico y contundente en sus peticiones, demandas, exigencias o explicaciones, si no, poco puedes conseguir de ellos. Así que cuando el zombi calvo y la chica zombi le pedían a los enanos, nada más bajar del autobús, que dejasen de dar con el palo en la cabeza a las tortugas con su soniquete lastimero y ranqueante, éstos les miraban, sonreían y continuaban con su nuevo juego preferido: "Comprueba si ese caparazón aguanta". Al ver que no les hacían caso, los muertos vivientes resoplaban, guardaban sus pútridas manos en los bolsillos y se resignaban ante la indiferencia de los pequeños.

Por tomar contacto con los zombi granjeros e intentar conocer un poco más este mundo de los no muertos, me acerqué al zombi con pelo para charlar:

- Hola, ¿qué tal? ¿Te doy la mano o me quedaré con ella colgando? - Lo se, es un chiste muy fácil, pero no se me ocurría cómo romper el hielo. No hubo respuesta, pero sí me ofreció su extremidad, por lo que le saludé con cierto recelo -. ¿Y cuanto tiempo llevas muerto?
- Doooos...  aaaaaañooooos.
- ¡Puff! ¡Qué putada! ¿Y cómo fue? Si no es mucha indiscreción...
- Indigestióóóóón... Comíííí... melóóóóón... por la noooocheeee...
- ¡Lo sabía! Si es que el melón por la noche mata, todo el mundo lo sabe... ¿Y cuanto tiempo llevas en esto de la granja?
-  Treeees.... hooooras... - y acto seguido comenzó a babear. "¡Qué poquita confianza me da esto!"

Según avanzaba nuestra estancia comenzábamos a descubrir pequeños inconvenientes de la Granja Escuela Zombi. Por ejemplo, no tenían huerto, ya que al parecer habían intentado en innumerables ocasiones ponerles a arar, sembrar o regar, obteniendo como resultado una mirada al infinito, sin resultados productivos, o accidentes entre empleados zombis que llevaban a la recaída de los mismos, con las viscerales consecuencias que os podéis imaginar ("Sí, un asco y un pringue"; según el coordinador del lugar).

A lo largo de la estancia, vimos distintos animales, aunque las explicaciones y guías de los muertos vivientes no parecían corresponderse del todo con lo que los entrenadores esperábamos obtener de una granja para nuestros orcos:

- ¿Veis esta vaca... taaaan grandeeee? - pregunta la zombi chica -. Es tan graaaande... que cuando caga... lo hace encima del muuuuuro... jejejeje - dato que a los peques les parece de lo más interesante, pero que a los entrenadores nos parece de lo más prescindible, cuando puedes hablar de qué comen las vacas, cómo lo comen o los múltiples beneficios que nos aporta -. ¿Y sabéis algo más? - A ver, quizá haya hecho un juicio apresurado de la explicación -. Esta vaaaaca... es taaaan grande... que solo puede salir.... de donde está... si la descuartizamos... - Y dicho esto, mira a la vaca fijamente y comienza a babear.

- ¡Chicos! ¡Vamos saliendo de aquí, que zombi chica necesita un momento para volver en sí y dejar atrás sus pensamientos devoradores!

Por teléfono nos comentaron que tenían diversos tipos de aves, gallinas, gallinas de guinea, pavos, pavo reales... Y yo que soy un gran amante de los patos y los gansos quise acercarme con los orcos a ver estas graciosas y entrañables aves. Zombi chica amable y tranquilamente nos acompañó hasta el recinto de las ánades...
Aquello estaba desolado. Ni un solo ave, pero todo lleno de plumas, como si alguien hubiese decidido hacer caldo para un regimiento.

- Perdona, ¿y los patos?
- No están... Desaparecieron... antes de ayer. Por la mañana vinimos y ¡puff!... Ya no estaban...

Curiosamente al volver la mirada al recinto de los patos, zombi chica comenzó a babear de nuevo, y comentándolo con el resto de compañeras, todos los zombi granjeros contestaron lo mismo, con la misma secreción de fluido salival tras la explicación del suceso.

Varias de las actividades que nos proponían eran realizar circuitos de multiaventura adaptados al nivel y estatura de los orcos. En un principio, a todos nos pareció una gran idea para que los enanos perdieran el miedo a realizar determinados movimientos y que desarrollasen sus capacidades motoras. 
Lo que no podíamos imaginar, era que durante cuatro horas y media diarias, nos iban a tener, a los entrenadores y a los pequeños, en una explanada a la solanera, sin ningún tipo de resguardo, sombra o refrigerio, sin tener en cuenta que entre el sol y el movimiento,  la carne de los zombi granjeros acelera su proceso de descomposición y desprende un olor horrible y hediondo, que convirtiendo la actividad en una nueva y mezquina forma de tortura.

Llegados a este punto, y temiendo que el relato de nuestras experiencias en la Granja Escuela Zombi puedan afectar vuestra sensibilidad, prefiero adelantarme al final y no seguir narrado nuestras peripecias. Como podéis concluir, salimos vivos de aquella y sin ninguna baja por parte de los orcos (aunque no podemos decir los mismo de los conejos recién nacidos... que también desaparecieron en la noche...). Pero si queréis escuchar el consejo de este humilde entrenador de orcos, no vayáis a una Granja Escuela Zombi, no son como una granja ordinaria... No lo son... ¡¡¡NO LO SON!!!

(Por desgracia, este post está basado en hecho reales, así que... nada de melón por las noches u os convertiréis en zombi granjeros).

jueves, 15 de marzo de 2012

Cuestionario Proust: Sr. Ombligo

En el siglo XIX, Antoinette Faure, hija de Félix Faure, presidente francés de la época, se dedicaba a organizar pequeñas fiestas, merendolas o similar, en las cuales sometía a un minucioso cuestionario a sus allegados asistentes, entre ellos el mismísimo Marcel Proust. Esta batería de preguntas las anotaba en un cuaderno rojo de ornamentadas tapas de cuero repujado al que se conoce como el "Album de Antoinette Faure".
Pues bien, este cuestionario ha pasado a la historia dentro del mundo periodístico y del entretenimiento, gracias a que Proust lo contestó en dos ocasiones y decidió publicarlos (por lo que se le denomina Cuestionario Proust), y gracias a que desde entonces, revistas de reconocido nombre y prestigio decidieron realizarlo a diversas celebridades de las distintas artes.

¿A qué viene todo esto? Estaba yo una mañana, pensando en qué podría escribir, cuando pensé: ¿Por qué no realizar estas preguntas a mis amigos, conocidos y gente que admiro de alguna otra forma? ¿Esas personas que el mundo no conoce, pero sin las cuales el mismo no funcionaría y mucho menos "mi" mundo? De hecho la misma Toñi Faure realizaba su cuestionario a gente que para nosotros ahora es desconocida, pero que seguramente para ella fuese muy importante, ¿no? ¿Quién le iba a decir a ella hasta dónde iba a llegar el joven Proust? ¿Quién me dice a mí que el día de mañana algunos de mis queridos y queridas no será un famoso "Proust"? Así decidí comenzar una serie de Cuestionarios Proust, dentro de mi rinconcito.

Entiendo perfectamente que las "celebridades" a las que se lo pida, piensen: Sr. Ombligo, ¿nos pides que desnudemos nuestra alma y pensamientos, ante la blogosfera y ante gente de buen criterio, saber  hacer y bellísimas personas que te leen? (¡Boing, boing, boing! ¿Una pelota? ¿Estoy oyendo una pelota?). Pues sí queridos y queridas, comprendo vuestro reproche y como creo que hay que predicar con el ejemplo, seré el primero en desnudarme para vosotros y vosotras con mi primer Cuestionario...

¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta?

Relajarme y no tener que pensar en nada… Caricias en el pelo, en el brazo… Hacer lo que te gusta y que te paguen por ello… Comer algo que te gusta y tener tiempo para disfrutarlo… No tener que mirar el reloj mientras estás con amigos… ¡Hay tantas formas de felicidad perfecta!

¿Cuál es tu gran miedo?

Supongo que la muerte, pero eso no hay quien lo remedie, así que… En ocasiones he soñado que voy desnudo por la Gran Vía e intento pasar desapercibido y que nadie lo note… Y en el sueño parece que lo consigo, pero el mal rato que paso… Así que todos los días me visto para salir a la calle y que este miedo no se cumpla. Y cuando voy a pasar por la Gran Vía, ¡MÁS!

¿Quién es la persona viva a la que más admiras?

Lo primero que me viene a la cabeza es mi madre, que es una persona (y una personajilla) como la copa de un pino, y a quien en muchas cosas me parezco. Pero famoso y que todo el mundo conozca… Pepa Flores, Marisol. Con todo lo que era y lo que suponía, se retira y se dedica a tener vida privada. Digno de admirar. Quizá no sea a la que “más” admiro, pero siempre me ha llamado mucho la atención este detalle de ella.

¿Cuál es el rasgo que más te desagrada de ti mismo?

Mi lengua viperina cuando me enfado… Suelo apuntar a dar… Y suelo atinar… No es que me desagrade, pero me hace sentir mal después.

¿Cuál es el rasgo que más te desagrada de los demás?

Que huelan mal. Si hay alguien que huele mal… ¡Puff!

¿Cuál es tu mayor extravagancia?

Odio la Thermomix, las máquinas Nespresso y los led detrás de las pantallas, televisores o monitores. Por si esto no se considera extravagancia… Me encantan los broches, pins y chapas, si puedo siempre me pongo uno.

¿Cuál es tu viaje favorito?

Es difícil elegir uno, pero recuerdo y recordaré con mucho cariño, una escapada en Septiembre a Granada, con mi amiga Marta… Los dos sentados junto a la catedral, por lo menos dos horas, viendo cómo las gitanas les leían el futuro a los extranjeros (¡Niña, corre! ¡Que este m’a dao veinte’uros!)

¿Cuál consideras que es la virtud más sobrevalorada?

La fama. Ya nadie quiere ser “Intrahistoria”, con lo que le costó a Unamuno sacar este término a la luz…

¿En qué ocasiones recurres a la mentira?

Si creo que lo que voy decir puede hacer daño, recurro al disimulo o al adorno verbal. No es mentir, pero tampoco es decir la verdad. Pero a mentir como tal, no.

¿Qué es lo que menos te gusta de tu aspecto?

Nada, me quiero y me cuido mucho, en cuanto a aspecto. Claro que hay días que los espejos se rompen en cuanto ven que llego, pero es cosa de los espejos, no mía, y mucho menos de mi aspecto.

¿Qué persona viva te inspira más desprecio?

Muchos: Esperanza Aguirre, Ana Botella, George Bush, Satán… este tipo de gente.

¿De qué palabras o frases abusas?

“¿En serio?”

¿Qué o quién es el gran amor de tu vida?

Madonna, que como no la conozco en vivo y es sólo una idea, ella va a seguir haciendo espectáculo y a mí me va a seguir gustando. A veces más a veces menos, pero como en toda relación, ¿no?
No obstante, El Hambre está siendo todo un gran amor…

¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?

La época en la que trabajaba en una granja-escuela. El ambiente entre los compañeros, la granja, verme siendo capaz de sacar lo que me pedían adelante... Creo que de pequeño, también fui muy feliz.

¿Qué talento te gustaría tener?

El Hambre me dio un superpoder que me encantó: manejar la luz de tal manera que pudiera crear ilusiones ópticas (él no lo dijo así porque seguro que empleó un lenguaje más técnico, pero es con lo que yo me he quedado… ¡Y me gusta!)

Si pudieras cambiar una única cosa de ti, ¿qué elegirías?

El color de los ojos, de siempre me hubiese gustado tenerlos claros. No se, es un capricho.

¿Cuál consideras que es tu gran logro?

Levantarme entre semana a mi hora. Me cuesta, pero lo hago. ¡Cada día!

Si pudieras elegir en qué reencarnarte, ¿qué sería?

En un ser de otro planeta. Así pruebo otra forma de vida, ¿no? Y con un poco de suerte, conozco al Doctor.

¿Cuál es tu bien más preciado?

Yo mismo.

¿Cuál es para ti la máxima expresión de la miseria?

Hacer las cosas mal a propósito. Saber que lo que haces está mal, que no te importe y seguir haciéndolo. ¡Miserables!

¿Dónde te gustaría vivir?

En el castillo de la Bella Durmiente de Disneyland Resort París. ¡Por pedir que no quede! ¿Habéis visto las vidrieras? ¿Y el dragón de la caverna? Es para vivir allí, de verdad.

¿Cuál es tu pasatiempo favorito?

Leer, escribir o imaginar historias mientras escucho música.

¿Cuál es la cualidad que más te gusta de un hombre?

Que le guste yo, que entienda y comparta mi humor y que me soporte.

¿Cuál es la cualidad que más te gusta de una mujer?

Que sea clara, que se la vea venir, y que entienda y comparta mi humor.

¿Quiénes son tus escritores favoritos?

No tengo uno concreto al que seguir, soy más de géneros que de escritores. De chavalín me dio por Anne Rice, luego una temporada por Michael Cunningham, Eduardo Mendicutti me hizo gracia durante un tiempo… Pero no soy fanático de uno.

¿Quién es tu héroe de ficción preferido?

La verdad que yo soy más de villanos y villanas, me encantan Úrsula, Maléfica, la Reina Mala, Marisa Coulter… Pero debo reconocer que Tormenta de siempre me llamó mucho la atención, con su control sobre los fenómenos atmosféricos, ese traje negro ajustado, ese tocado, el pelo blanco, su nombre (Ororo)…

¿Cuáles son tus nombres favoritos?

Eneko, Endora, Úrsula… Todos muy normalitos y ponibles…

¿Qué es lo que más detestas?

El que habla por no callar, no sabe lo que dice y te quiere hacer creer que su palabra es Ley, sin tener en cuenta tus ideas.  ¡Uff, que rabia me da!

¿Cómo te gusta dormir?

En la cama, agarrado a la almohada.

¿Cuál es tu lema?

Suena un poco ñoño, pero desde hace tiempo lo pienso: La gente buena, tiene buena suerte.


sábado, 10 de marzo de 2012

Señor Ogro

Hay días que es mejor no levantarse, y no porque el mundo esté contra ti, sino porque ya de buena mañana estás tú encontra del mundo.

Sí, aunque soy de caracter alegre, pizpireto y guasón, hay días que según abro el ojo estoy de mala leche. En principio esto pasa por algún motivo en concreto, pero en mi caso no es así, simplemente es el Día del Señor Ogro.
Para empezar mis compañeros de piso hacen ruido antes de que suene el despertador. Seguramente ellos estén intentando tener el mayor cuidado del mundo, y en otros días no hubiese pasado nada (pobrecillos es normal, se despiertan y no coordinan bien, se les escapan las puertas de los armarios y no calculan bien para que no choquen los vasos cuando los cogen o los colocan...), pero hoy el Señor Ogro que ruge por salir quiere desatornillarles las puertas de los armarios y reciclar todos los vasos de la casa (porque uno puede estar enfadado pero no deja de tener en cuenta el medio ambiente), que si queremos beber lo hagamos de la botella, tetrabrick o poniendo la manita.

Después suena el despertador, en mi caso es el móvil, que como lo dejé ayer cargando no está sobre la mesilla si no en la estantería, lo que supone que cuando empieza la dulce melodía te tienes que levantar para apagarlo (o darle al botón para que repita en nueve minutos. ¿Por qué nueve? El Señor Ogro no quiere contestar hoy a eso). Durante esos nueve minutos, como es el día que es, en lugar de volverme a dormir y tener un sueñecito rápido, me paso el rato cagándome en Fringe (la melodía que suena para despertarme), en Steve Jobs, que Alanis le tenga en su gloria (móvil = despertador), en el arquitecto que hizo la casa (por no poner más enchufes, para que no me tenga que levantar a apagar) y en El Hambre, que el día anterior se fue a dormir con su madre y ahora la cama está más fría.

Al salir de casa, la cosa no mejora. El mamón del conductor de autobús debe habernos puesto una cámara en el portal para pasar justo un minuto antes de que salgamos nosotros por la puerta todos los días, y que al perderlo le veamos. No nos saluda, pero yo se que en su cabeza, con una amplia sonrisa, nos hace adiós con la manita (mamonazo...). El Señor Ogro le cogía y le ponía en una zona de conflicto armado, que ya sabemos lo que le gusta a una guerrilla quemar autobuses (aunque bajaría a los pasajeros, que ellos no tienen culpa de nada). Se iba a sincronizar con nosotros en un santiamén.

En el coliseo (o Centro de Entrenamiento de Orcos), las cosas tampoco van bien. No viene la coordinadora, por lo que andamos algo perdidos. En la puerta, los Pokemon de los peques parecen hacer cola para dar la tabarra: que si me preocupa mucho esto y quiero que lo cambiéis (¿Desde cuando los Pokemon dan órdenes a los entrenadores?), que si no encuentro el papelito con la reseña del libro que me disteis a principio de curso (¡Pues la pintas, que ya te la hemos dado tres veces!), que si nos hemos enterado que algunos Pokemon dicen que... (¡Puff! ¡Chismorreos a primera hora de la mañana, que mal me vienen HOY!)

Y esto es sólo el principio, porque... Estamos de evaluaciones y hay que preparar informes individuales de cada orquito (sinceramente, no se para qué porque en la reunión que tendremos todos juntos, después de los dos primeros, la mayoría desconecta), acta de evaluación (es lo mismo que las evaluaciones individuales pero en resumen, ¡¿para qué otra reunión más?!), las notas con sus correspondientes criterios (¿De verdad creemos que se los leen? ¿Y que entienden lo que hemos evaluado? ¿Es necesario? O mejor dicho, ¿Es útil?), la reunión con los padres (si vienen, tres se van antes, cuatro están con la mirada perdida, dos se duermen y dos sólo quieren hablar de su retoño... ¿Por qué no les ahorramos este sufrimiento y de paso nos lo ahorramos nostros también?). Pero por si esto fuera poco, el agua del baño sale amarilla (un orco dice que sale pis del grifo), por lo que cada vez que uno quiere agua hay que echársela de una garrafa (no es bueno deshidratarse, ¿verdad?); una especialista viene con dolores, por haber comido melón la noche anterior, así que no podrá coger al grupo para dar su clase y la hora para programar se esfuma (mierrrrda)...

Una vez en casa, el ratón del ordenador no tiene pilas, por lo que vuelvo a acordarme de Steve Jobs, que Alanis lo tenga en su gloria, y de la zorra de su madre, porque ahora que estoy en casa tengo que volver a la calle a por pilas. Y para rematar la jugada me toca cocinar la comida de mañana para todos mis compañeros... ¡Hasta el coño del bien común, el compartir las tareas, del Ché Guevara y de Carlos Marx! (¿Que por qué hasta el coño de ellos? El Señor Ogro no quiere contestar hoy a eso)

Pero justo, cuando el Señor Ogro está apunto de empezar a romper cualquier cosa con saña y premeditación... Llega la cena y hay pizza, porque es Jueves. En la cama veo una serie, mientras El Hambre me hace caricias en el pelo, y la cama ya no está tan fría como ayer.

Dan las doce, y a pesar de todo, el Señor Ogro no ha conseguido salir, algo de lo que me alegro porque podría haber arruinado mi vida sentimental, familiar, social y laboral. No obstante, es un hasta luego... Un día, sin querer, sin esperarlo y sin ningún motivo aparente... ¡Volverá! (Porque también es saludable, al menos de vez en cuando, estar un poco de mala leche porque sí...)

martes, 28 de febrero de 2012

Evaluaciones o "A ver, ¿qué habéis estado haciendo con la plasti estos tres meses?"

Llega el periodo trimestral que todo domador de orcos teme: las Evaluaciones o Revisión del trabajo para ver si el cambio a ser humano está siendo efectivo. Quizá en el caso de los Catedráticos de universidad la evaluación sea tan sencilla como el simple hecho de lanzar los exámenes al aire y aprobar a quien tengan las suerte de caer en la mesa ( si alguno está leyendo esto se sentirá muy ofendido, pero todos en la facultad hemos oído sobre vuestras prácticas de evaluación... ¡Y las hemos sufrido! Así que nada de hacerse las víctimas ahora); quizá algunos domadores sigan los pasos pautados por un libro y a la hora de valorar los avances simplemente pongan una cruz más arriba o más abajo ( en mi edificio vive un compañero de profesión, supuestamente de la misma etapa que yo, y cada día le veo volver con maletín y pantalones de pinzas... ¿Entendéis por donde voy?); pero por desgracia, mi proceso de revisión es algo más complejo, siguiendo unos pasos bien marcados.

Paso Nº 1 - ¿Qué hemos estado haciendo?

Sí es verdad, en mi trabajo utilizamos la plastelina (o plastilina), las tijeras, el pegamento, los lápices, las ceras, los pinceles, muñecos, cuentos, papeles de colores... Pero no por ello significa que no hagamos nada.  Algo habrá que agitar delante de los orquitos para que te miren, ¿no? Todos estos materiales son como la zanahoria que se pone frente al burrito para que camine (esta metáfora no es casual - guiño, guiño-). Para demostrárselo a los progenitores, hacemos una selección de los rigurosos, metódicos y precisos objetivos que nos marcamos con los monstruitos, y los evaluamos en función de los avances de cada pequeña criatura.
Ni que decir tiene, que para que estos objetivos sean creíbles, asumidos y aceptados por los padres deben ser a cual más incomprensible. De no ser así, nos refutarían todos y cada uno de ellos pues, por la naturaleza de nuestra profesión, el mundo entero se ve capacitado para opinar y deslumbrar a los profesionales de este campo con su amplia experiencia. ¿Quién se atrevería a decirle a un cirujano en plena operación si tiene o no que extirpar ese miembro? ¿Quién interrumpiría a un abogado en mitad de un proceso largo y costoso que podría hacernos millonarios o hundirnos en la pobreza? ¿Quién corregiría a un farmacéutico la fórmula necesaria para procesar un medicamento casi milagroso? Sin embargo, todos sabemos enseñar a leer a nuestros orcos adorados y tenemos el derecho y la obligación de hacérselo saber a su entrenador... ¡Claro que sí! Por eso, para frenar las ligeras opiniones acerca de nuestro trabajo, enrevesamos los informes, para que esos padres valoren y midan si realmente saben tanto como creen y nos lo demuestren... ¡Si pueden!

Paso Nº2 - Pero, ¿de verdad habéis estado haciendo algo?

Los dirigentes de los estados tampoco se fían mucho de lo que los domadores puedan o no trabajar con las criaturitas, por lo que mandan a su policía institucional o lo que ellos llaman Inspectores de Educación. Como no pueden estar todo el día sobre nosotros porque sería cansadísimo para ellos y para nosotros, lo que estos agentes nos exigen son las memorias de lo trabajado en los distintos trimestres. En el caso de aquellos que siguen lo pautado por un libro, lo tiene fácil, presenta el libro, presenta las actividades que éste propone pero ya realizadas por los enanos, y trabajo resuelto.
En el caso de nuestro centro de doma y crecimiento, tenemos que elaborar una memoria de las actividades que nos hemos ido inventado con los pequeñajos, ya que no tenemos un libro que seguir. Si eres metódico y riguroso, cada día puedes ir apuntando estas actividades, incluso describiéndolas en un documento de word, para que cuando llegue el momento sólo sea añadir fotitos y dibujitos (conozco casos que actúan así...) ¿Creéis que este es mi caso? Yo soy más de los que ejercitan la memoria y de los que tienen que ir consultando fuentes, investigando todo lo que hicimos hace dos o tres meses, contrastando opiniones... ¡Mucho más enriquecedor! ¡Dónde va a parar!
Además, para que estos inspectores tampoco ahonden mucho ni se pongan muy farrucos, volvemos a introducir los objetivos anteriores, igualmente elaborados y farragosos. Vaya a ser, que lo vean sencillito y quieran andar tocando las narices. 
Debo decir, en favor de los inspectores, que nos dejan bastante manga hancha y no se meten mucho en nuestro día a día, salvo cosas muy puntuales, y eso es de agradecer.

Paso Nº3 - ¡Mira que sí, que en serio que he hecho muchas cosas!

Tanto nos cuestionan nuestro trabajo, que al final comenzamos a dudar incluso entre nosotros mismos, por lo que hacemos Reuniones de Lamento o Reuniones de Evaluación. En ellas presentamos a nuestros compañeros y compañeras, así como a los dirigentes del centro, los avances y progresos de los orquitos, pero también nos descargamos y compartimos nuestras dificultades, necesidades y ausencias. Por norma general, tus compis se identifican contigo, te escuchan, te comprenden y te apoyan, a diferencia de los directivos que al no conocer prácticamente a los renacuajos, suelen permanecer ausentes, con la mirada perdida, conectando tan solo de vez en cuando en los momentos en que hablamos de todo aquello que necesitaríamos para que nuestro trabajo mejorase, instante en el que sonríen, hacen como que escriben algo en sus libretas o móviles e intentan darnos alguna respuesta que nos alivie. Es aquí cuando la tortilla se da la vuelta y nos responden con instituciones que no conocemos, términos económicos que se nos escapan y situaciones laborales que no llegamos a comprender, consiguiendo así que nadie hable ni replique pero asienta torpemente cual vaca que pasta feliz en su verde pradera del norte.

Todo este proceso de tres pasos (bastante resumindo, que tampoco es plan de aburrir), se prolonga a lo largo de tres o cuatros semanas... En mi caso, tras acabar con las mismas, me marcho a una granja tres días con los pequeñajos... Os aviso desde ya, que igual una noche de estas... ¡me harto de comer melón y me olvido de todo!

jueves, 23 de febrero de 2012

LISTOGRAFÍA Nº 1: Cosas que salvaría si mi casa estuviera en llamas

Hace unos meses me compré un libro con el propósito de entrenarme en esto de la escritura. Se titula "Listography. Your life in lists", y como habréis podido deducir, porque sois gente con criterio e inteligencia (por eso leéis este blog...), está lleno de títulos de posibles listas a confeccionar, y así contar tu vida a través de ellas. Como no sólo hay que escribir cuando viene la inspiración, sino que ésta te tiene que encontrar escribiendo, he decidido que cuando no tenga nada trepidante que contar (¡¡No puede ser Sr. Ombligo, si tu vida es la mar de interesante!!....), voy a tirar de lista y a relataros un poco mi vida y peripecias.

LISTA DE LAS COSAS QUE SALVARÍA SI MI CASA ESTUVIERA (O ESTUVIESE) EN LLAMAS.

En primer lugar, aclarar que el móvil no cuenta como cosa a enumerar en esta lista, ya que mi querido iPhone y yo somos uno, no se nos puede concebir el uno sin el otro y viceversa. Por lo tanto, lo salvaría, sí, porque lo contrarío significaría que yo mismo habría sido pasto de las llamas.

-    Hace un año y algo, más o menos para octubre, mi madre llegó con la eterna pregunta o quizá más bien reproche: " Vete pensando qué quieres para Reyes, que igual si me lo pides tarde no lo tienen  o los precios se ponen por las nubes, y yo no voy a andar de cabeza en estas fechas, porque luego está todo lleno de gente y... (unos minutos más tarde) ...y es que cuando eras pequeño regalarte era más fácil, además pasabas más tiempo en casa y te veíamos y sabíamos... (una hora más tarde)... así que este año no te despistes y me dices lo que quieres prontito, ¿vale?" ¿He mencionado ya que esto me lo suele decir en OCTUBRE?

Normalmente esta charla (anual) me resbala un poco, pero aquella vez me llegó a la patata... además de haber algo que me moría por tener: Jessie, la vaquera de Toy Story. Como fui un chico bueno, y lo pedí pronto, ¡me la trajeron! ¡Me hizo una ilusión tremenda!  Si le tiras de la anilla de su espalda... ¡HABLA! ¡Y lo mejor de todo es que tiene la voz de Joan Cusack! Desde el momento en que llegó a mi vida, no se ha separado de mi mesa/escritorio y es testigo de todo lo que escribo, leo, busco y encuentro, además de ser musa de muchas fotografías y chuminadas varias que se me van ocurriendo. Creo que la ilusión que me hizo sacarla de su envoltorio, así como los buenos ratos que me paso con ella, hacen que merezca salvarse de las llamas.

-    Cuando descubrí que las varitas de Harry Potter se vendían al público y eran asequibles a mi bolsillo, no pude más que comenzar una colección, que ya se compone de seis piezas... Perdón, me comunican por el pinganillo que se compone de siete. Teniendo en cuenta, que debo salvar alguna cosa más de la destrucción que supone un incendio, y que para ello necesitaré mis manos y brazos, en esta crítica situación salvaría cuatro: la de Cho Chang, regalo de cumpleaños de El Hambre; la de el Profesor Slughorn, porque fue la segunda y es muy rara; la de Ojo loco, porque es chiquitita, cabe en cualquier lado y fue una ganga que encontré en internet a mitad de precio; y la de McGonagall, porque es la de mi personaje favorito.
Se que estáis pensando que ante una situación extrema hay que salvar lo importante de verdad...Pero es que desde que llegaron las varitas, me he acostumbrado a ver series y películas con alguna de ellas en la mano... Si no es así... ¡Ya no lo disfruto! Así que, como podéis ver, las varitas para mí son importantes.

-    Salvaría tres libros: mi ejemplar de Momo, subrayado y comentado, el libro que más me ha gustado de siempre, el que más me ha llegado, y me llega, cada vez que lo he leído. Gracias a esta historia, el tiempo en mi vida ha adquirido otra dimensión y la forma en que miro a las tortugas ya nunca será la misma (y no es nada sexual, ¡mentes calenturientas!); La torre de los siete jorobados, una divertida historia en el Madrid castizo de chulapas y cuplés, regalo inesperado de mi queridísimo Toto; y El Arte de las Princesas Disney, un libro de ilustraciones preciosérrimo que encontré en The American Book Center, la última vez que estuvimos en Holanda, y que me regaló El Hambre por Reyes. Aunque penséis que es una cursilada (prejuiciosos), deberíais echarle un vistazo si tenéis oportunidad o la suerte de visitar mi morada.

-    Hace mucho, mucho tiempo (entorno a doce o trece años, pero a mí me parece que fue en el pleistoceno), cuando aún no existía Harry Potter, ni varitas que coleccionar, tuve otra obsesión: los broches y las chapas. Alcancé a tener una basta colección, de motivos, formas y colores la mar de variados. De hecho, trabé amistad con la mejor creadora de adornos de este tipo hasta el momento, al menos para mi gusto, Claudia Bicharraca, cofundadora y alma de Mirada de Vaca. Según ha ido pasando el tiempo esta pasión  (suena mejor que obsesión...) se fue debilitando, pero guardo con mucho cariño dos cajas de aquellas chapitas, chapas y chapones. En esta situación, y ante la urgencia, salvaría una de ellas, dejando en este caso elegir al destino cual de las dos, pues cogería una y seguiría corriendo y gritando entre las llamas.

-    Como se habrá podido observar, me encanta coleccionar y atesorar, por lo que suelo guardar pequeñas cosas a modo de recuerdo, en las cajas de colonia que cada año Su Alteza Real, el Rey Gaspar se congratula en obsequiarme. Así en ellas se puede encontrar Post-it con dedicatorias, fotos, llaves viejas, entradas de cine, museos y teatros, llaveros usados y desgastados, muñecos y no, para los fanáticos de Friends, os comunico que no tengo ninguna cáscara de huevo del primer desayuno que me trajeron a la cama (entre otras cosas porque NO me han traído aún el desayuno a la cama... El que quiera leer entre líneas...). Cajas de recuerdos, tengo tres, así que de nuevo el destino se encargará de elegir por mí una de ellas.

-    Cuando era orco (sí, sí, lo hemos sido todos, preguntad a vuestros ancestros, que os tuvieron que soportar...), algunos fines de semana solíamos ir a ver a mis tíos, y por ende a mis primos, Sito y Sanita. Tenían de todo, los He-Man, los muñecos de Star Wars, las Barbies... Y una amplia colección de discos que me ponían para que escuchase, ¡en su propio tocadiscos! En una de esas tardes, mi prima, seis años mayor que yo, abrió la caja de Pandora y como si nada puso el True Blue de Madonna. Como me quedaría de embobado con aquel disco, que mis padres lo compraron a la semana siguiente, y durante años, no escuché más música que aquella. En el salón, en mi cuarto, en el baño durante la ducha, en el coche, en el walkman (¡Por el amor de Alanis, el tute que le dí a aquel cacharro y a aquel vinilo!). Aquel disco ahora se encuentra conmigo, durmiendo en mi salón (como ya se puede imaginar) ¡Y ni de coña le dejaría arder!

Tengo más cosas que me encantaría salvar, pero seamos realistas, ¿tendría tiempo para ir a buscarlas? ¿Me acordaría de cogerlas todas? Creo que el hecho de hacer esta lista me prepara para esta situación, que espero no se de nunca, pero que... ¿quien sabe? El fuego es muy traicionero casi tanto como el melón cuando lo tomas por la noche, por lo que tener estos objetos en mente, no está del todo mal. ¿Sabéis vosotros lo que salvaríais?

jueves, 16 de febrero de 2012

Excusas para no empezar

Vale lo admito, tengo un problema enorme con los principios. No se si será algo habitual en más gente, incluso me da la sensación de que hay personas a las que lo que les cuesta es terminar. Empiezas algo, lo vas haciendo y a la mitad te aburre y lo dejas, vale, de acuerdo, lo entiendo, pero a mí eso no me pasa. A mí lo que me cuesta un mundo es empezar.

El caso es que una vez metido en faena, el resto es coser y cantar, termino lo que sea y lo hago de rechupete, pero eso sí cualquier cosa me vale para dar largas al comienzo.

Excusa del tiempo:
- ¡¡Puff!! ¡¡Qué tarde es!! ¡¡Ya nada!! Si ya casi es la hora de cenar... 
"Son las siete y media, Señor Ombligo. España sigue siendo el sur de Europa, no hemos sido invadidos por los nórdicos... (Con esto mi conciencia se refiere a los habitantes del norte de Europa, no los edredones, ¡claro!)

Excusa de la salud:
- ¡Buenoooo! ¡Es que creo que me duele la cabeza y no va a poder ser, además estoy cansadíiiisimo! ¿Tú sabes la tarrrrrde que me han dado los orcos? ¡¡Ha sido un no parar!! ¡¡Me tienen la cabeza loca!! Además ayer por la noche comí melón... ¡¡Y qué nochecita he pasao!!
"Efectivamente caballero, CREES que te duele la cabeza, porque sabes de sobra que no te duele, ¡jodío! Los orcos hoy parecían elfos, de lo bien que se han portado. Y en cuanto a lo del melón, ¡¡de verdad que me tienes frita!! ¡Lo que tienes es un morro que te lo pisas!"

Excusa de cualquier cosa es buena:
- ¡Pero mira estos de Facebook la pestañita nueva que han metido! Por favor, que inventazo, es que te pasarías el día dándole sin parar. Se lo voy a recomendar a mis amigos, que hagamos un grupo nuevo en favor de la pestañita. Cómo hemos podido existir todo este tiempo hasta ahora, así a nivel humanidad, sin la pestañita. ¡Por Alanis Morissette! 
"Bonito, ¡ese botón es el de Me gusta! ¡Está ahí desde la creación de la red social en cuestión! :__(" (Mi conciencia empieza a llorar).

Muy unida y muy parecida a la anterior, con el mismo nivel de enganche y poder evasor para iniciar algo es la: Excusa de la tele:
- ¡Sniff! ¡Pobre chica! Embarazada a los dieciseis, no sabe si dar al niño en adopción, sus padres la presionan para que lo haga y su novio es un mamón, ¡que casi ni la mira a la cara! Y lo que viene después ya es la monda, una pobre chica gordita que quiere triunfar en la moda en el Reino de los Cuerpazos, que cuando la preguntan lo más simple del mundo en una entrevista de trabajo no sabe que contestar. ¡Sniff! ¡Sniff! Y lo peor de todo es, ¡¡que si no la cogen dice que es porque es negra!! ¡¡Buaaaa!!¡¡ Cómo puede la vida ser tan injustaaaa!!
"........................................." (Aquí mi conciencia entra en coma, algo sabio por su parte, pues en muchas ocasiones la he sorprendido intentando levantarme del sillón, mientras mi cuerpo inerte no se movía, absorto en este tipo de tramas. Pobrecilla).

Excusa de "lo de los demás es taaaan bueno....":
- Si es que al final, ¿para qué? ¡Si ya hay un millón de cosas parecidas! Y lo mío tampoco es tan interesante. Además, tampoco me sale tan bien como yo pienso, y no me va a llevar a ningún sitio...
"Pues tienes razón, lo que quieres empezar a hacer es una mierrrda pinchada en un palo. Hay un huevo de cosas similares y con toda sinceridad te digo, que lo tuyo es infinitamente peor. ¡Convéncete! ¿Además, sabes que están echando el programa de la peluquera regañona, que endereza negocios maltrechos?" ( Sí, queridos míos, en ocasiones mi conciencia se harta, y se vuelve en mi contra... No la culpo, yo también me cansaría de ser mi conciencia...)

Pero ya he tocado fondo, estoy hasta la coronilla de ver pasar las tardes, de no hacer nada con mi vida y de interesarme por niñatas estúpidas que no fueron capaces de comprar un preservativo. Voy a hacer que mi conciencia se sienta orgullosa de mí, voy a volver a escribir, como ya empecé en Septiembre. Voy a volver a dar la murga al ciberespacio con mis idioteces bloggeras, aunque no las lea ni el tato, aunque las haya mejores y muchísimo más divertidas y bien redactadas, porque cuando lo hago me molo, me siento en paz con el universo y tengo la idea provinciana de que algún día alguien lo leerá y le gustará. Es más, igual, en un arranque de creatividad y locura, empiezo a hacer broches, cojines, muñecos, camisetas, cuentos e ilustraciones, porque hoy Sr Ombligo, deja atrás las excusas y empieza de nuevo...