jueves, 27 de octubre de 2011

Mis personajes de serie preferidos.

Esta semana estoy un poco pachucho, así que no tengo muy buenas ideas que contar, por lo que he decidido tirar de una lista, la de los personajes de series que más me han llamado la atención a lo largo de mis treinta primaveras.

En primer lugar es un grupo. Sí, ya se que son distintos personajes de diversas series, pero son todas de dibujos y de mi infancia, y es difícil separarlos, así como diferenciar los recuerdos y sentimientos que me aporta cada uno. Lo qué sí se es que son series que emitían los sábados y domingos después de comer, cuando en la programación televisiva aún tenían en cuanta a los orquitos, y pensaban que en un futuro debían dejar de ser pequeñas bestias, para ser personas de bien. Estos son Ulysses, Dartacan y David, el Gnomo. 
Ulysses era el padre protector y responsable, que pasaba por mil aventuras junto a sus hijo... Y la verdad que yo no puedo quejarme porque mi padre siempre ha sido, y sigue siendo, un encanto de padre. Quizá me gustaba ver lo que podría pasar si mi padre y yo fuésemos dibujos animados. 
De Dartacan recuerdo lo mucho que me gustaba verlo, y que lo veía en casa de mis abuelos, después de comer cocido de la abuela. ¿Cómo no te puede marcar una serie, que se ve en este marco? Sin embargo, creo que aún era demasiado pequeño para enterarme bien de la trama, porque en sí, no recuerdo mucho de lo que veía. 
Y por último David, el Gnomo que hacía cosas divertidísimas, se salía siempre con la suya, iba montado en un zorro, siempre estaba contento... Pero fue él el que me enseñó algo que no se si un niño está preparado para aprender. Cuando él y Lisa, llegan al final de sus días y se convierten en árboles, dejan a su fiel compañero Swift, el Zorro, llorando la pérdida. Y en ese momento caí en la cuenta de que un día, mis padres se morirían, y no sólo eso, sino de que... ¡Yo un día me moriría! ¿Estaba pensado para eso? No lo se, pero si era así, queridos creadores de David, el Gnomo, ¡lo conseguisteis! Un niño traumado durante varios días.

Después estaría He-Man. Efectivamente es también un dibujo animado, y más o menos de la misma época, pero con la particularidad de que fueron los primeros muñecos que recuerdo. Tenía toda la colección, Skeletor, Teela, Orco, Evelin... todos. Así que con ellos podía ver la serie y recrear los episodios en mi cuarto, o inventar episodios nuevos. Además, tenía uno de los personajes más mariquitas que se hayan podido crear en la historia de las series infantiles: su tigre y fiel amigo Cringer. Ocurrente, divertido, con mucha pluma e intentando huir de las situaciones comprometidas... Vamos, Boris Izaguirre.

En tercer lugar está Ángela Channing. ¡Qué carisma, qué porte, qué maldad! ¡Cómo controlaba a todo el mundo! Por aquel entonces yo no entendía lo que pasaba pero la música, la imagen mantenida, la tensión se podía palpar. Hasta quien no entendía bien de lo que se estaba hablando sabía que aquella mujer era la que mandaba, la que cortaba el bacalao, o mejor dicho, la que podaba las vides. Aún, cuando se habla de ella, la recuerdo de brazos cruzados, a medio bajar la escalera (en posición superior a todos) y su cara de "Me has vuelto a decepcionar, y esta vez no voy a perdonarte".

Después de Ángela hubo otros, como J. R. Ewing, pero no era lo mismo, el glamour que tenía aquella señora no tenía nada que ver con lo chabacano y paleto del malvado magnate del petróleo. Hasta que llegó Ridge Forrester. Mi madre y su compañera de trabajo, a la hora de la comida veían Belleza y Poder, una serie noventera llena de trajes con colores imposibles, lujo, engaños... Todo un culebrón al estilo norteamericano, digno sucesor de Dinastía. En esta ocasión ya empezaba a hilar cabos, y no iba a ser en la vieja pelleja en la que me fijaría... Era en el malo buenorro, con sus facciones marcadísimas, su pecho que se bañaba en piscinas impolutas y que invitaba a cenar a lugares lujosísimos (que para los noventa eran sitios que brillaban mucho). Tenía un hermano rubio, pero nada que ver con "Rich".

En la adolescencia - juventud, justo antes de llegar a la Universidad, yo empecé a adelgazar bastante, me teñí el pelo de rubio y comencé mi vida de estudiante universitario con borrón y cuenta nueva. Fue entonces cuando empecé a ver Friends, y cuando conocía a Mónica Geller. Durante mucho tiempo esta serie me encantó, no me perdía ni un episodio, hasta programaba el video para grabarlos y verlos a la hora de comer. Y por supuesto, me encantaba Mónica, las coñas con la limpieza, su pasado de yonki de la comida, su cambio en Nueva York... y no pude llorar más cuando le pide a Chandler que se casen. Espero no estar haciendo ningún spoiler, porque esta serie ya la hemos visto un millón de veces todos, ¿no?

Después llegó Bree van de Camp. En realidad es una versión joven y actualizada de Ángela Channing, salvo que, los guionistas decidieron mostrarnos el por qué hacía las cosas Bree, consiguiendo que empatizaras con ella, dejando al margen muchas de sus ideas. Además, este personaje es un super icono, con ese pelo, esa pose, esa ropa... Estupenda. Toda una imagen exportable y transferible, un producto perfecto que nadie puede rechazar. ¿Por qué no llevar a Bree en una camiseta o una chapa, con lo bien que queda? Totalmente prendado de este personajazo.

Cuando empecé a vivir solo, totalmente independizado, me empezó a gustar Sexo en Nueva York. Lo veía en cualquier momento. Cuando no había nada en la tele, a la hora de comer, con mi hermana... Y después con el Sr. Rilova, empezamos a verlos todos desde el principio y de seguido, viendo cómo cambiaba la serie, los personajes, las bromas... Y tras verlos todos, me quedo con Miranda Hobbes. Sin duda es el cerebro de Carrie (ya que ésta sólo tiene una neurona), y es la que tiene unas anécdotas y situaciones más cercanas a la vida cotidiana (si es que alguna las tiene). Además, y sin lugar a dudas, creo que es la que se queda con el mejor chico de todos. Por si acaso alguien no lo sabe, no lo diré, pero tenéis que verlo.

Siguiendo con el repaso, le llega el turno a Juliet Burke, la rubia inteligente y no tan malvada, de Perdidos. Desde el momento en que la vi al inicio de la tercera temporada, cantando Downtown frente al espejo, supe que me iba a gustar. Fui descubriendo al personaje, la acompañé, me enamoré y lloré con ella lo que no está en los escritos. A pesar de lo malo, pésimo o fatídico que pueda ser el final de esta serie, creo que a este personaje en concreto, le dan un gran final, digno de una heroína épica, gran sufridora, perfecta compañera y divertida e inteligente amiga.

Por recomendación de un compañero del trabajo empecé a ver Big Bang Theory. Me encanta, me río mucho, pero tengo que verla en castellano, porque si no me parece imposible de seguir. Y desde que la empecé a ver había algo en Sheldom Cooper que me gustaba, sin llegar a saber qué era. Hasta que un día, comentándolo con mi hermana, me suelta: "Hombre, pues porque se parece a Javier (Rilova)!". Desde ese día, le tengo más cariño a la serie y miro con otros ojos al Profesor Cooper... A pesar de que mi hermana no tiene siempre razón, en este caso, no se la voy a negar. De hecho, ella comenta entre sus amigos que su cuñado se asemeja a Sheldom, y creo que eso le da caché.

Y por último, quien me tiene loco y a quien no puedo dejar de ver ni una noche (que no se que voy a hacer cuando se me acabe esta última temporada), es el Doctor Who. Ya le he dedicado un post a él solo así que no tengo mucho más que decir, salvo que estoy encantado de haber conocido a este personaje, que nos hace volar por aventuras divertidísimas, con expresiones divertidísimas, y que, de nuevo gracias a Beqad, ahora estoy un poco más cerca de él, pues me ha regalado... Un maravilloso Sonic Screwdriver, con luces y ruidito. 

¿Alguno tenéis personajes de serie preferido? Si os apetece compartirlo, comentar es gratis, y aunque lo hagais por la noche, no mata (no como el pérfido melón), así que... ¿Os animáis alguno a comentar vuestros personajes de serie preferidos?

jueves, 20 de octubre de 2011

¿Boda? Mmmmm ¿Sí, quiero?

El fin de semana pasado estuvimos en una boda de una compañera de trabajo. Mi pequeña Padawan, Pasoka, se nos ha casado. La llamo mi joven aprendiz, porque tras las prácticas con la Maestra Carmela, experta en todo lo que se pueda hacer con las manos (un gorro de azafata con papel de periódico, pajaritas con billetes de euro, broches, tocados, colgantes de chupete...), pasamos dos años juntos, codo con codo, lidiando con los orcos en las Guerras PonC.

Es curioso esto de las bodas. Es toda una ceremonia social sin precedentes, con sus procesos, sus personajes característicos, sus ritos imprescindibles, sus atuendos...

En primer lugar está la despedida. Actualmente yo conozco dos modalidad de despedida: la de La Humillación Pública Colectiva (LHPC) y la de La Humillación en Privado (LHP). 
La primer se centra en disfrazar al protagonista del enlace, de la forma más ridícula posible, ya sea de prostituta, en sus múltiples posibilidades (blancanieves, enfermera, caperucita o maruja) si es la novia, o de mujer o torero (versión tipycal spanish) si la figura central es el novio (los nativos varones de la Comunidad Canaria, seguramente se ciñan sólo al disfraz de mujer), y hacerle salir de juerga por los lugares que conocen y les gustan, para que se ría la gente un poco de ellos/as (de ahí lo de Humillación Pública). Si este disfraz se puede rematar con uno o varios accesorios "picantes" y, por qué no decirlo, horteras que te cagas, muchísimo mejor. A saber: delantales con pechos, diademas con pollones, culos de plástico, tetas postizas, etc. Es curiosísimo, porque estos productos tienen un mercado alucinante y, la verdad, nunca hubiera apostado por ello.
Pero no se viste al novio/novia y se los suelta a la deriva sin rumbo solos... ¡¡No qué va!! Sus "amigos" le acompañan y por norma general vestidos casi igual de llamativo y estomagante que el protagonista del grandioso evento. Lo que los diferencia del "homenajeado/a" es que no son conscientes de lo ridículos que van, y piensan que el resto del mundo tampoco... ¡Pero sí! De hecho, lo de la comparsa es mucho peor, porque el pobre chico/a de la despedida no le queda más remedio que tragar, pero los que lo prepararon todo, los supuestos amigos/as, colegas, "bros", "primas"... ¡¡LO HAN ELEGIDO!! ¡¡QUERÍAN IR ASÍ!!! Todo un subterfugio para vestirse de mujer en el caso de los canarios, o para ponerse unos pendientes de pollas, en caso de las mujeres. Pero... Lo hacen por su amigo/a... Para que se lo pase bien... ¡¡Claro que sí!! (de aquí viene lo de Colectiva).

La segunda versión es algo parecido, solo que en lugar de soltar a la persona por la ciudad, en lugares donde la gente pueda pitorrearse al gusto, se marchan todos y todas a una casa en el campo o a un pueblo, donde puedan despacharse sin miramientos y putear al máximo a su amigo/a. A saber: Hacer pruebas imposibles en las que el protagonista debe mancharse de arriba a bajo, establecer unas normas para la cena que impiden que el novio/novia pueda sentarse a comer algo, realizar pruebas absurdas para conseguir regalos bobos, etc. (De aquí lo de Humillación en Privado). Mejor? Peor? No puedo decir... Para gustos los colores.

Pasado esto llega el evento y cómo va cada uno vestido. Para mí, que sólo veo a mis compañeras, domadoras de orcos, en chándal cada día, y que cuando los viernes se cambian y se ponen un vaquero, me parece que ya van bien vestidas, verlas con vestido de noche me resulta de lo más raro del universo. Además, ellas lo saben, por lo que intentan ir extremadamente guapas, teñirse, cortarse, alisarse o rizarse, con vestido largo o corto, los zapatos (cuanto más tacón mejor, aunque luego se estén muriendo por dentro), los complementos (a juego entre ellos o a juego con los zapatos), para que cuando llegue el lunes, los demás podamos testificar lo guapas que pueden llegar a estar, porque trabajando en lo que trabajamos, aunque lo cuenten, no siempre se puede demostrar y lo más seguro es que no se vean en otra... Bueno, sí, la Cena de Emprersa, pero eso es otro cantar.
Con los chicos es más soso. Ellos pueden ir o bien con el clásico traje de chaqueta y corbata, o llamando la atención un poco. Yo personalmente, y sin la menor duda, prefiero esta última. Me niego a los pantalones de los trajes, porque luego el resto del año no me los pongo. Además, no me quedan bien, me hacen un culo feo y no me gustan. En cuanto a las corbatas, me chiflan, pero me lancé al mundo pajarita (por supuestísimo, influencia del Doctor), y es que es otro rollo. Quedan taaaan bien. Son taaaan monas. Se ponen y se quitan taaaan fácil, y llaman taaaanto la atención, que definitivamente, he encontrado mi complemento perfecto.

Por supuesto, está el traje de la novia. Según dicen, no hay novia fea... Pero sí la hay mamarracha. No es el caso, porque Pasoka llevaba un traje muy sencillo, tipo vestal griega, monísimo, con una toquilla de peluche blanco, para los momentos fuera, espectacular. Todo el conjunto le daba un aire de Reina de las Nieves arrasador. Ahora, ver, como yo he visto con estos ojos que se han de comer los gusamos, una novia con un traje como el de la Reina Mala de Blancanieves pero en blanco, con dibujos de flores por los bordes, cosidos en millones de colores... ¡Eso no se puede hacer! ¡¡La Reina Mala, era tan mala, que ya se casó de negro, hombre por favor!!
Reina de las Nieves, sí. Reina Mala que se casa de blanco, caca.

Por último, me llamaron mucho la atención los personajes que se repiten en todas y cada una de las bodas, y que por supuesto estaban en esta. 
La mesa de los que no paran de gritar consignas, pedir que se bese la novia y el novio, la madrina y el padrino, el metre con la abuela, o no dejar de levantar la servilleta en círculos hasta que los novios o se besan de nuevo o brindan o simplemente saludan. ¿Esto os recuerda a algo? Efectivamente, ya sabemos qué tipo de despedida prefirieron hacer los de esa masa (LHPC).
Por otro lado están las señoras que conocen a alguno de los dos agraciados desde pequeños y que no paran de contarte sus andanzas durante la cena. Por norma general, te suelen contar los atragantamientos, alergias y enfermedades para el primero, los accidentes y travesuras para el segundo, y para el postre, que ya hemos cogido confianza, las anécdotas escatológicas (caca-culo-pedo-pis) que son las anécdotas más universales y que, no nos vamos a engañar, más nos gustan.

Ya en el baile, tenemos a la pareja de señores mayores que no para de bailar desde que suena la primera nota y que, al verlos, todos pensamos lo mucho que nos gustaría llegar a su edad con esa marcha y esas ganas de bailar.
Luego están los acompañantes, novios o maridos que no bailan nada, parece ser que por vergüenza, pero que curiosamente se lanzan a bailar a zancadas el "Tractor Amarillo" (o similar). Sinceramente, a mí eso me da más vergüenza. Quizá sea yo el raro.
Y cómo no, nunca puede faltar el "pesao". Que no baila y se mantiene al margen, pero en cuanto ve que te acercas o pasas por su lado, te engancha y empieza a contarte de todo y a preguntarte banalidades. Y la cosa no acaba aquí, sino que todo esto lo hace cuando suena la canción que más te gusta, en la que lo estás dando todo. Sin lugar a dudas, esto es un superpoder. De hecho, es un superpoder de supervillano, porque aunque lo más normal sería pasar de él y seguir con el baile, eres incapaz de cortarle y volver a lo tuyo, porque te absorve, te anula, te bloquea... Todo un superpoder.

En fin, no se si algún día decidiré casarme, pero lo que tengo claro es que si la boda es de tarde, en el menú no habrá melón.

jueves, 13 de octubre de 2011

Minnie Vs Dora... ¡Combate Animado!

2 de Octubre de 2011, Madrid, Puerta del Sol. Minnie Mouse comienza su jornada globofléxica.

"¡Mirala! ¡Ya está otra vez ahí en todo el medio! ¡Sin respetar los emplazamientos de cada uno!
Aún recuerdo la primera vez que la vi allanando el espacio asignado a las estatuas vivientes. Con todo su descaro, porque como ellos no se podían mover, ahí la tenías, ante sus propias narices quitándoles admiración y público. Y aunque el buenazo de Bob Esponja habló con ella de muy gentiles formas, ya le advertí: Esta no es trigo limpio, Señor Esponja. Tiene una mochila muy rara, que habla y canta, y tiene un spanglish que no me termina de gustar. No es de fiar, Bob. ¡Ya verás!

Pero nada, la fuimos dejando, se fue ganando la confianza de todos y poco a poco se ha ido comiendo el espacio de cada uno. Se pone donde la sale de la raja, no respeta tiempos y encima,  ¡pone precio a lo que hace! Pero bueno, desde cuando se ha visto que le pongamos precio a las obras manuales de arte plástico que hacemos. Desde un principio, cuando tuvimos la reunión del Colectivo Internacional de Trabajadores al Aire libre (CITA), acordamos que nuestra sección (dibujos animados y estatuas vivientes) siempre pediría la voluntad, porque nuestra verdadera recompensa es la sonrisa de los niños, y más en concreto para nosotros y nosotras, la devoción de los fanáticos del moldeamiento del plástico. ¡Y ya está! ¡NADA DE PRECIOS!

No es como los chaperos, los pobrecitos, que tienen que estar ahí sus horas. Y las charlas, miraditas y toqueteos que tienen que aguantar de todos los vejetes sobones. ¡Normal que pongan esos precios! Además, ahora que han cambiado toda la plaza, les han expuesto mucho más, y si les ves... ¡Angelitos! ¡Parece que están como desorientados, los pobrecitos míos! Y como tienen casi al lado a las lumis de Montera, tienen que poner un precio que les merezca la pena y defender así su producto en el mercado. ¡Pues chica, que ni a los chaperos respeta, la zorra de Dora! Que ya me ha contado el Loco de las tres cabezas en la mesa, que le han llovido ofertas de viejecitos, devaluando así el esfuerzo de los chicos. Que si no llega a ser por Patricio y la Mujer del traje de frutas, sale tarifando con uno de ellos. ¡Qué lianta que es! ¡Qué lianta!

Y luego está el tema de los materiales, que no es por malmeter, pero Winnie de Poo me ha dicho, que ha oído a su amigo el Spider Man gordo, el de la Plaza Mayor, que un chino de un polígono le ha contado, que ella misma le comentó que compra los materiales en un almacén que no tiene muy buena fama, y que ahí todo es de muy mala calidad, pero muchísimo más barato. Y para más inri, le aseguró que casi le cae un puro porque un niño se intoxicó, ¡CREEN!, que con los productos con los que limpian sus globos. Pero ahí no acaba la historia, que otro casi se ahoga con una de sus obras manuales de arte plástico, porque le hizo una boa constrictor en pleno ataque y cuando se pinchó el globo, el pequeño quedó atrapado y constreñido en la espiral de fina goma. En cuestión de segundos el niño pasó del rosa al morado intenso. Al parecer el padre, que es extranjero, quería denunciarla y llevarla a juicio y... Lo que te digo... ¡Si es que no es de fiar!

¡Mírala! Ya está otra vez aprovechándose de que la Pareja de rebozados en barro tienen los ojos cerrados. ¡Si es que casi está en el medio, la muy guarra! ¡Que si no le cogen un globito los turistas no deja ver nada! Yo no aguanto más. ¡Le saco los ojos, el hígado y me meriendo su corazón! Que se ponga Bob, como quiera. ¡Yo hoy la mato!..."

Así, un grupito de niños y niñas, de distintas nacionalidades, crecerá desarrollando un frenético pavor a los dibujos clásicos Disney. Porque una tarde de Domingo, mientras paseaban con sus padres, vieron como Minnie Mouse intentaba arrancarle los ojos a Dora la Exploradora, con sus enormes manos enguantadas. Y que aunque Bob Esponja y Patricio consiguieron separarla de su víctima, no dejó de patearla el estómago entre gritos de dolor, con sus enormes zapatones de tacón rojos con lunares blancos.
Cuando, en un futuro,  le cuenten el suceso a su psiquiatra en el hospital, junto a una rodaja de melón, recordarán entre sollozos: "Y todo aquello pasó, sin que ninguno perdiera la sonrisa... permaneciendo la felicidad en sus caras... Aún veo esos ojos vacíos!! Cierre usted esos ojos, doctor!! Ayúdeme!! Que no me cojan!!"

¿Que no os lo creéis? Pinchad aquí.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Doctor Who

Cuando escuchaba decir a Beqad que Dr Who es una de las mejores series, y una de sus preferidas, me costaba creerlo. Imagino que en  cierto modo era por la cantidad de cosas que tendría que empezar a ver, y todo lo que tendría que descubrir, si decidía ponerme a ello, porque son seis temporadas las que van ya (empezó a emitirse de nuevo en 2005).



Como buena contrabandista y camella de series que es, Beqad nos ofreció un caramelo con la siguiente frase: "Vosotros veis este episodio, y si no os gusta, no veáis más". ¡JA! ¡Qué jodía! Un episodio trepidante, lleno de tensión, intriga, incógnitas, seres extraños y aterradores, y un personaje al que llaman Doctor (a secas) audaz, rápido, frenético, misterioso e hilarante, que no protagoniza el capítulo, pero que de alguna manera es el eje de todo lo que ocurre. Si después de ver aquello, no hubiese querido seguir investigando sobre aquellos personajes y aquellas tramas, significaría que no soy un ser humano vivo, sino una rana croando en su estanque.

Y así, como si nada, llegó a mi vida Doctor Who. Lo primero que te engancha es la sintonía. Misteriosa, arriesgada, aventurera, emocionante, hipnotizadora, te capta y te arrastra por el vórtice espacio-temporal junto con la TARDIS (Time And Relative Dimension In Space).  Tras esto, queridos amiguitos, es cuando ya no hay vuelta atrás, el viaje a lo desconocido a comenzado. 
En un principio, la serie tiene la textura de las series británicas y piensas: "La misma calidad de imagen que Mister Bean, esto no va a ser para mí". Pero la historia, los personajes, la emoción de los viajes por el espacio y el tiempo, las pequeñas intrigas que van hilando un episodio con otro y el humor sencillo y natural, te atrapan como hizo la sintonía desde el principio. Y cuando quieres darte cuenta, estás en el final de temporada, junto a Rose Tyler, ojiplática perdida, alucinando porque el sistema de defensa del Doctor se activa, y para poder curarse regenera toda su estructura molecular y cambia de forma. ¡Toma paja mental! (Giro argumental que lleva repitiéndose desde 1963, cada vez que el actor que hacía o hace del Doctor, quiere abandonar su papel, o los productores deciden que ya ha llegado su hora de retirarse).

Desde 1963 hasta la fecha ha habido once Doctores, todos y cada uno con sus dos corazones, su excentricidad y siempre con sus particulares formas de vestir, dependiendo de la época. Por ejemplo el de los setenta (Tom Baker) iba muy hippy él, con su bufanda larga de lana. O el de inicios de los ochenta (Peter Davison) con su jersey de pico, tan mono y tan pijín. Y qué decir del Noveno Doctor (Cristopher Eccleston) con su chupa de cuero negro, tipo Matrix, muy del estilo nuevo milenio. 
Dicen que no hay Doctor como el primero (es decir, que el primer Doctor que conoces y descubres, es el que más te gusta después), y por eso, aunque comenzamos a ver la serie desde la primera temporada con el Noveno Doctor (Eccleston), a mí el que más me gusta es David Tennant, más pizpireto, exagerado y guapete (para gustos los colores) que su predecesor, protagonista del episodio "caramelo" suministrado por nuestra camella. Siempre con sus trajes marrones, su gabardina y ese toque de Peter Pan amoroso que hace que desees locamente que te invite a dar un garbeo multidimensional en su cabina telefónica. Porque sí, queridas niñas y niños, este Doctor, a lo largo de sus múltiples formas, vidas y aventuras viaja en una nave con forma de cabina telefónica. ¡No se puede ser más británico que esto, señora!

Pero lo mejor de todo, al margen de los doctores son los villanos. Podríamos tener unos marcianos viscosos  hechos con tecnología puntera. O fabulosos seres energéticos lanza rayos. Pero no. Esta serie nacida en los sesenta, pretende ser coherente y dar una continuidad a lo que ya ha vivido su protagonista. Por lo que, si en sus inicios el peor enemigo que nuestro héroe se podía echar a la cara era un cubo de basura metálico con una luz azul a modo de ojo y un par de barras de hierro a modo de armas, ahí que siguen los Dalek, con su mismo formato y su misma voz de vocoder, tipo robot. O qué decir de los Cibermen, versión robótica y malvada del Hombre de hojalata (sin bailar, ni cantar, ni querer tener un corazón, ¡claro!), de nuevo con voz vocoderizada,  órdenes tipo computadora (Delete!! Delete!!) y un mal interior muy chungo. 
Por otro lado, están los seres que nos propone Steven Moffat, uno de los guionistas de la serie y ahora guionista principal y productor ejecutivo (gracias wikipedia), que nos muestra seres malignos que lo son por algo, no sólo por la ilusión que les hace dominar el universo, y que pertenecen al mundo de lo cotidiano: estatuas que vigilan y te acechan, niños que buscan a su madre con llantos quejosos, los peligros que ocultan las sombras de nuestro entorno o la melancolía de saber que ha llegado tu hora. Y todo ello, con unos efectos especiales básicos, mucho más cercanos y realistas. Quizá un día escriba un episodio sobre el Melón Asesino, ¿más cotidiano que eso? ¡Quién sabe!

Pues bien, aquí me tenéis más enganchado a esta serie, de lo que nunca hubiese predicho, a las puertas del final del Décimo Doctor, sintiéndome como Rose Tyler, ya que sospecho que ya nada será lo mismo sin Tennant, aunque Matt Smith seguramente sea un gran Doctor y me haga vibrar como lo hicieron los otros (Sí, sí, cariños, ese tipo de vibrar).

Así, os digo como una buena amiga me dijo un día: "Vosotros veis este episodio, y si no os gusta, no veáis más"

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martes, 27 de septiembre de 2011

La Lista de Mis Seis

En estos tiempos que corren, en estos días de crisis, hoy que he recibido una extraña noticia en el trabajo, y que no hay mal que por bien no venga, he decidido hablar de eso que todas y todos esperábais: FRIVOLIDADES.

Recuerdo un episodio de Friends (ay, lo que marcan algunas cosas... No se si para bien o para mal...), en el que Ross y Rachel hacían una lista de famosos con los que se podrían acostar cada uno si surgiese la oportunidad, y el otro no podría reprochárselo. Pues bien, creo haber llegado a la madurez necesaria para poder hacer la lista de mis seis famosos, a pesar de lo que diga o piense el Sr. Rilova (si quiere que se haga él una).


1º Jude Law
Sí, desde que vi Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal (y eso que no es donde mejor sale) ha sido un flechazo, pero después de Cold Mountain la atracción fue absoluta. Además con el tiempo ha ido mejorando mucho en atractivo y carisma. A favor diré, que es un bicho embustero, que hueco que ve, hueco que tapa, así que sin duda lo tendría fácil si me lo encontrara, y en estos lances toda experiencia es bien recibida. En breve se estrenará Sehrlock Holmes, con ese look bigotillo que taaan bien le queda. ¡Ay, mi Jude!

2ºAlexander Skarsgard
True Blood me ha dado grandes momentos, grandes cuerpos, grandes escenas subidas de tono, pero sobre todo me ha regalado a este vikingo de dos metros, que desde que decidió cortarse el pelo (¡¡gracias estilistas!!) llena la pantalla obligándote a mirar sin poder ver nada más. ¿Me pone? Sí, me pone... MOGOLLÓN. En esta última temporada, tras la escena de Alexander con Anna (la Paquin, para los amigos) en el bosque, las chicas que hacen los subtítulos, así, de manera subliminal, al acabar el episodio incluyeron un comentario del tipo: "Odiamos a Sookie". Pues bien, yo desde aquí me uno a su declaración, pero rectifico, odio a Anna Paquin que no sólo se reboza con Alexander por donde pilla (aunque sea por exigencias del guión), sino que también está casada con Stephen Moyer (quien hace de Bill, y no está nada mal).


3º Eric Bana
Eric debería estar en el segundo puesto, porque también es un flechazo cinematográfico de toda la vida, pero creo que me puede la altura. Pues sí, ¿cómo podría resistirme a consolar a ese doctor Bruce Banner (Hulk), con esa cara de bueno y de sufrimiento interno por los males del mundo? ¿Cómo no prendarse de ese Héctor (Troya), amante esposo, deboto padre y mejor luchador? ¿Cómo no compadecerse y caer de rodillas rendido ante ese romulado (Star Trek) lleno de tatuajes y con esas orejillas puntiagudas, mucho más atractivas que las de Zachary Quinto en el mismo film? Definitivamente es el famoso turbo-padre al que no podría negarle una noche.

4º Ryan Reynolds
¿Y yo que cuando fui a ver Blade Trinity, lo hice a regañadientes, porque tenía la sensación de que iba a ser más de lo mismo? Menudo subidón cuando descubrí a Ryan con su barbita, extrañamente cortada, y sus chalecos y pantalones, tipo soldadito, todo muy ceñido (que cuanto más ceñida la ropa de asalto y batalla, ya se sabe que es mucho más eficaz). Me encanta la imagen de chico americano sanote y perfecto que lleva (aunque ahora ande tonteando con la verdulera de Sandra Bullock). Además, debemos seguir la siguiente máxima: lo que es bueno para Scarlette Johansson, es bueno para mí.


5º Ewan McGregor
Varios factores favorecen mi atracción por Ewan (que gracias a mi queridísima Beqad, sé que se pronuncia algo así como /jwan/ es decir "Yúan"). La primera: Moulin Rouge. Ese amor, esa entrega, esa voz... Sinceramente, ¿quién no salió queriendo entregarle su cuerpo y su alma a Ewan, tras ver esta película? La segunda: Cuando vivía en Diego de León, había una tienda de perfumes que tenía en el escaparate el cartel adjunto, con Ewan como protagonista. La imagen era de grandes dimensiones, y al irte acercando, ibas pensando: "Si lo que Ewan quiere es que compre una colonia, yo la compro. Ahora, espero que según me vaya acercando, por favor, me pida que hagamos algo más". Tercera: ¡¿Le habéis visto en "I love you, Phillip Morris"?! Cuarta: es amigo íntimo de Jude Law, y si por un casual tengo una  posibilidad loca con Ewan, quizá él me presente a Jude... O quizá coincidamos los tres, ¿quién sabe?

6º Numaios
De nuevo sale a relucir mi infancia. Cuando era un joven orquito (porque sí, no creáis que no soy consciente de que yo un día fui un orquito), los fines de semana tras las noticias ponían series de dibujos, de las cuales la que, sin lugar a dudas, más me marcó fue: Ulysses 31. Una revisión futurista del relato de Ulises, que surca el espacio para poder volver a su hogar con su amada Penélope. No recuerdo por qué, en su nave viajaba la tripulación suspendida en trance (por alguna maldición o algo similar) y uno de estos hombres flotantes era Numaios. Azul, alto, de pelo suave y blanco, que cuando se rompía en ocasiones el sortilegio, era dulce, tierno y encantador... ¡No podía gustarme más! Y diréis, Sr. Ombligo, esto es un personaje de dibujos animados es inalcanzable... Si un día aparece un ser del espacio exterior, alto, de tez azulada y cabellos plateados, que con voz dulce y familiar me sugiere tener una experiencia astral con él, quiero poder decirle que sí, porque está en mi lista, y que nadie pueda interponerse.

Qué le vamos a hacer... De ilusión también se vive... Y por cierto, ya sabéis lo que dicen del melón, así que, si surge la oportunidad con alguno de los famosos de vuestras listas, nunca les deis de cenar esta fruta.

(Por cierto, blogger mola, pero cuando publicas el post hace unas cosas rarísimas con los espacios, los saltos de líneas, las fotos...)

jueves, 22 de septiembre de 2011

Una de esas cosas que me repatean, pero no puedo evitar

Pues sí, hoy mientras descansábamos un ratillo, mis compañeras y yo, en la ardua tarea del entrenamiento cognitivo y educación de pequeños orcos, he recordado una canción de Azúcar Moreno, que por más que sé que es lo peor del mundo, no puedo dejar de bailar y cantar cuando la oigo. Y no digo que sea lo peor porque es una calorrada, ni porque sea una petardada ( que todxs lxs que me conocéis sabéis que, precisamente, esto para mí da puntos a un tema), sino que la canción dice cosas muy feas y echa por tierra años y años de trabajo de tantas y tantas mujeres, que se han trabajado con sudor, lágrimas y mucho esfuerzo, la igualdad frente al hombre. Y sin embargo, con todo su genio y figura, y con todo su chichi gitano, ahí tienes a las Señoras Moreno cantando lo siguiente (me dispongo a hacer una pequeña disección del "megahit", que hoy me he despertado en plan analítico):

Título: Amén. (Para que os vayáis haciendo a la idea, de lo que nos vamos a ir encontrando a continuación, porque esta palabra ya sabéis lo que significa: Sí, sí a lo que tú digas, que yo no voy a rechistar, ni voy a cuestionarte nada. A pesar de que se use mucho en situaciones religiosas, precisamente en este caso la Encarna y la Toñi, no van a hablarnos mucho de Alanis Morissette (es decir Dios), sino más bien todo lo contrario... Pero sigamos que no quiero estropearos la sorpresa).

El temazo comienza con un sintetizador que simula instrumentos de percusión, como si dieran porrazos al ritmo, pero viendo que la cosa se pone muy chunga y quizá sea mucho nada más empezar, las hermanas Moreno lo suavizan con algo de guitarreo y melodías alegres que hacen que se nos pase el susto inicial. Después comienza la letra, y vuelta al tono chungo:

Atame las alas, no quiero volar, 
y abre las ventanas que no me pienso escapar.
Hazme prisionera en la cárcel de tu piel, 

y ponle cadenas a mis sueños de mujer.


(Cariño que sepas que yo sin ti no tengo otra cosa que hacer, no pienso ir a ninguna parte... Pero eso sí dame las llaves de casa, aunque sea para hacer la compra, o bajar a los peques al parque... Pero no te preocupes, que escaparme no me escapo. Si hace falta, ponle barrotes a las ventanas y cámaras de vigilancia a las habitaciones. Incluso a mí en los tobillos me puedes colocar unos bonitos grilletes para que no pueda huir, en caso de que me diese la ventolera y quisiera echar a correr... Que ya se que te va el rollo esposas, cadenas, polis...)

Ce' la vie, las cosas son así,
Ce' la vie, estoy loca por ti,
Ce' la vie, vivimos sin vivir rezando por ti.



(Total, si es que no conozco otra cosa. La vida es así, así me toca vivirla y no puedo hacer más. Si además, estás cañón, y desde siempre has tenido una pinta de empotrar que no puedes con ella. Ahora, que me paso el día rezando, porque no gano para disgustos contigo. Qué así en confianza te digo, que igual esos trapicheos tuyos nos van a dar un disgusto un día de estos.)

Amén, a tu cuerpo con mi cuerpo
Amén, a mi tierra con tu flor
Amén, a tu lluvia en mi desierto
Amén, Amén, es mi única oración.



(Pero mira, lo que tú digas, porque follas como un bendito. *Creo que esta frase puede resumir todas las metáforas,  alegorías y subterfugios, que las Señoritas Moreno se han buscado para decir que el susodicho maromo las empotra cada noche contra el cabecero de la cama.)

Mía tu bandera, mío tu pesar,
mío tu recuerdo cuando no me quieras na'.
Hazme tu manera como una estatua de sal,
y aparca mi barca en la orilla de mar.



(Además de todo esto, yo voy a estar a tu lado, y todo lo que te pase, aunque seguramente en ocasiones te lo hayas buscado, lo voy a vivir como mío. Y después de todo, si un día me dejas, que sepas que voy a estar llorando por las esquinas, pensando en lo mala que debí ser por no haberme portado mejor contigo. Por eso, para que ese fatídico y lacrimógeno día no llegue, dispón de mí, ordéname lo que se te antoje que yo obedeceré... y si quieres me pones una correa, me paseas y duermo a los pies de la cama *Aquí igual me he excedido, pero ya que estaba...)

A partir de aquí, se repiten los estribillos, que como ya habéis podido ver, lo que vienen a contar es: Mira chico, follas tan bien, y me tienes tan feliz en la cama cada mañana, tarde y noche, que contigo hasta el infinito, sea como sea.

Hay un momento que añaden nuevas joyas metafóricas y figuras literarias, muy en el estilo Lorquiano, muy finas, que casi  te puedes deleitar en las imágenes que evocan, por lo que os las pongo a continuación, que por nada quisiera que os las perdieseis, y que vienen a significar lo mismo que las del primer estribillo (aclaración que hago por si al verlas o escucharlas no lo apreciaseis):

Amén, a tu fuego con el mío
Amén, a tus ganas con mi amor (
perífrasis de "empotrar")
Amén, a mi rosa en tu rocío
Amén, Amén, es mi única oración.



Lo que me duele de todo esto, es que yo lo se. Entiendo la letra, veo qué hay en ella, debería rasgarme las vestiduras, unirme a mis compañeras y rechazarla, desterrarla para siempre de mi "discoteca"... Pero es superior a mí... Es oírla y empezar a canturrear y mover los pies... Toda una vergüenza, lo se... Pero... Ce' la vie, las cosas son así... ¡¡ Amén!!



¡Ah! Y mucho cuidado con el melón, que ya sabéis que por la noche... mata...

domingo, 18 de septiembre de 2011

¡¡¡Cumpleaaaaaños Feeeeliz!!!

Puff!! Un cumpleaños no es cualquier cosa, y menos cuando éste cae en Sábado.
Por un lado es genial, lo puedes alargar en plan fiestas de Pueblo o boda gitana, pero por otro es un no parar de acontecimientos, citas, familia, amigos y comida, más comida, más comida y... mucha más comida.

Ante todo y como hecho imprescindible, está la fiesta de celebración. Desde pequeño y debido a distintas circunstancias, mis fiestas de cumpleaños siempre han sido monumentales. Cuando yo nací, mis padres aún no tenían casa propia y vivíamos en casa de mis abuelos, por lo que mi nacimiento fue un show familiar, una habitación llena de tíos, primos y amigos de la familia, que no paraban de llegar. El mismo día de mi alumbramiento, uno de mis tíos estaba en el hospital (el mismo hospital) por un accidente de coche, y toda mi familia por parte de padre estaba en el jardincito, tomando el aire con él. Al aparecer mi padre y dar la noticia, todos echaron a correr y dejaron a mi tío mal herido en el banco, perdiendo el protagonismo que la dolencia le otorgaba (años más tarde, su hija, mi prima Susana, le dio la revancha a mi tío, casándose el 17 de Septiembre, haciéndome perder el protagonismo que el nacimiento me otorgó a mí. Como siempre dicen, la venganza es un plato que se sirve frío). El caso es que mi nacimiento siempre ha sido un acontecimiento de multitudes, aunque sea en una boda.

Cuando por fin mis padres adquirieron una casa, mis cumpleaños eran por todo lo alto: sanwiches, medias noches de espárragos, patatas, tartas de dos tipos (chocolate y manzana, ya que mi madre es cocinera), la canción del cumpleaños del disco azul de Parchís y una piñata enorme llena de caramelos, juguetitos de cinco pesetas (mini armónicas, paracaidistas de plástico y trompetitas) y mucho confeti. Y aprovechando que estábamos todos los primos, que más o menos éramos de la misma edad, hacíamos desfile de modelos, jugábamos a las tinieblas, sacábamos todos los juguetes... Vamos, la fiesta padre.

Esto, sienta un precedente para mis fiestas, como no podría ser de otra manera. Así, en ellas no puede faltar:

- Mucha gente: Ahora no vivo en un piso diáfano, sin muebles, y sencillito de limpiar, sino en uno compartido con tres personas más, lleno de las cosas de cada uno, por lo que intento controlarme en este tema, pero me suele pasar que voy invitando, invitando e invitando y cuando quiero darme cuenta, me he pasado. Este año han sido veintitrés personas, cuatro de ellos con sus hijos (una monada de peques, por cierto), su carrito, su cambio de pañal y su guarrazo contra el suelo (Víctor no controla aún sus movimientos, y nos hizo una "cucamonada drástica", que a su padre le dolió más que a él. Por si alguien está sufriendo por el pobre V., se olvidó del percance en cuanto se enganchó al pecho de su madre). Finalmente, no llegó la sangre al río (expresión en honor a Víctor), ya que mis amigos se distribuyeron muy bien en el espacio y el tiempo, esparciéndose perfectamente por todas las habitaciones habilitadas para el evento, y alternándose en las llegadas y salidas de la casa. Si es que tengo unos amigos!!!

- Comida: Ante todo y sobre todo: MEDIAS NOCHES DE ESPÁRRAGOS. Este año, fíjate, pensé en no ponerlas, pero justo mi amiga Sally Pepper, mientras le contaba el menú (ya que es una excelente crítica gastronómica) me pregunta con cara de susto (pero susto crucial, de este de a vida o muerte): ¿Y las medias noches de espárragos? Y el anciano tradicionalista que llevo dentro me dice: "¿Ves, Joven Ombligo? Cosas hay que cambiar no puedes, te lo piden, las tradiciones seguir debes". Así que con mi cara de ¡HOMBRE POR FAVOR, PERO QUÉ COSAS TIENES!, le juro y le perjuro que eso no podría faltar nunca en mi cumpleaños.
Pero como en mi fiesta, lo suyo es comer y que nadie se quede con hambre, y no sólo de espárragos viven mis amigos, pongo a mi compañera de piso a hacer humus y guacamole, a mi novio a hacer bizcochos y a mi madre a hacer tortillas (¿he dicho ya que es cocinera?). ¿Cada plato encargado y elegido al azar? ¡HOMBRE POR FAVOR, PERO QUÉ COSAS TIENES! (Sí, la misma cara de antes) Ni mucho menos amiguitas y amiguitos, el mejor humus y guacamole que podáis imaginar lo hace mi compi La Tole. No digo más, que después de haber tomado la tarta, la gente seguía comiendo humus (ahí, con todo tu ajo y tu todo). Los bizcochos del Sr. Rilova son deliciosos, y los necesitaba para deleitar a los compañeros del trabajo y a los peques. Sólo decir que los moldes quedaron inmaculados. Y las tortillas, qué decir de las tortillas, creo que a algunos les pude ver soltando lagrimitas de felicidad, mientras masticaban la mezcla de huevo, patata y cebolla. No es porque sea mi madre, pero mucha gente me lo ha dicho, que son las mejores ( ya sabéis... Es cocinera).

- Regalos: No se por qué, pero en mi fiesta siempre ha habido regalos para los invitados. Muñecos paracaidistas, vídeos de invitación personalizados, broches de fieltro, muñecas troqueladas... Y este año... Muñecos montables troquelados. Una monada, con su sobre a juego con las instrucciones y todo (ver imagen adjunta). Quizá esto lo hago para dejar huella. Que quede un recuerdo tangible de ese día, en el que mis amigos y familiares me acompañaron y me hicieron sentir acompañado y querido, así como lo hacen cada vez que estamos juntos, y darles las gracias por un año más ahí... O quizá en el fondo sea puro egoismo y lo haga para que quieran venir al año que viene y no me dejen tirado y triste en un día tan señalado... ¡Puro marketing!

- Y, ¿cómo no?, Parchís: Este año, no lo he puesto en la fiesta, pero no ha faltado en mi día. Mientras los peques entraban en clase, puse mi canción festiva. Los cuatro chicos de los colores y y el pequeñajo del dado, me acompañaron en el inicio de mi jornada. Nada más empezar a sonar, me invaden recuerdos, todos los que he contado y muchísimos más, pero sobre todo, el recuerdo de un niño feliz, que mira un disco azul dar vueltas y que está muy contento, porque es su cumpleaños.