sábado, 10 de marzo de 2012

Señor Ogro

Hay días que es mejor no levantarse, y no porque el mundo esté contra ti, sino porque ya de buena mañana estás tú encontra del mundo.

Sí, aunque soy de caracter alegre, pizpireto y guasón, hay días que según abro el ojo estoy de mala leche. En principio esto pasa por algún motivo en concreto, pero en mi caso no es así, simplemente es el Día del Señor Ogro.
Para empezar mis compañeros de piso hacen ruido antes de que suene el despertador. Seguramente ellos estén intentando tener el mayor cuidado del mundo, y en otros días no hubiese pasado nada (pobrecillos es normal, se despiertan y no coordinan bien, se les escapan las puertas de los armarios y no calculan bien para que no choquen los vasos cuando los cogen o los colocan...), pero hoy el Señor Ogro que ruge por salir quiere desatornillarles las puertas de los armarios y reciclar todos los vasos de la casa (porque uno puede estar enfadado pero no deja de tener en cuenta el medio ambiente), que si queremos beber lo hagamos de la botella, tetrabrick o poniendo la manita.

Después suena el despertador, en mi caso es el móvil, que como lo dejé ayer cargando no está sobre la mesilla si no en la estantería, lo que supone que cuando empieza la dulce melodía te tienes que levantar para apagarlo (o darle al botón para que repita en nueve minutos. ¿Por qué nueve? El Señor Ogro no quiere contestar hoy a eso). Durante esos nueve minutos, como es el día que es, en lugar de volverme a dormir y tener un sueñecito rápido, me paso el rato cagándome en Fringe (la melodía que suena para despertarme), en Steve Jobs, que Alanis le tenga en su gloria (móvil = despertador), en el arquitecto que hizo la casa (por no poner más enchufes, para que no me tenga que levantar a apagar) y en El Hambre, que el día anterior se fue a dormir con su madre y ahora la cama está más fría.

Al salir de casa, la cosa no mejora. El mamón del conductor de autobús debe habernos puesto una cámara en el portal para pasar justo un minuto antes de que salgamos nosotros por la puerta todos los días, y que al perderlo le veamos. No nos saluda, pero yo se que en su cabeza, con una amplia sonrisa, nos hace adiós con la manita (mamonazo...). El Señor Ogro le cogía y le ponía en una zona de conflicto armado, que ya sabemos lo que le gusta a una guerrilla quemar autobuses (aunque bajaría a los pasajeros, que ellos no tienen culpa de nada). Se iba a sincronizar con nosotros en un santiamén.

En el coliseo (o Centro de Entrenamiento de Orcos), las cosas tampoco van bien. No viene la coordinadora, por lo que andamos algo perdidos. En la puerta, los Pokemon de los peques parecen hacer cola para dar la tabarra: que si me preocupa mucho esto y quiero que lo cambiéis (¿Desde cuando los Pokemon dan órdenes a los entrenadores?), que si no encuentro el papelito con la reseña del libro que me disteis a principio de curso (¡Pues la pintas, que ya te la hemos dado tres veces!), que si nos hemos enterado que algunos Pokemon dicen que... (¡Puff! ¡Chismorreos a primera hora de la mañana, que mal me vienen HOY!)

Y esto es sólo el principio, porque... Estamos de evaluaciones y hay que preparar informes individuales de cada orquito (sinceramente, no se para qué porque en la reunión que tendremos todos juntos, después de los dos primeros, la mayoría desconecta), acta de evaluación (es lo mismo que las evaluaciones individuales pero en resumen, ¡¿para qué otra reunión más?!), las notas con sus correspondientes criterios (¿De verdad creemos que se los leen? ¿Y que entienden lo que hemos evaluado? ¿Es necesario? O mejor dicho, ¿Es útil?), la reunión con los padres (si vienen, tres se van antes, cuatro están con la mirada perdida, dos se duermen y dos sólo quieren hablar de su retoño... ¿Por qué no les ahorramos este sufrimiento y de paso nos lo ahorramos nostros también?). Pero por si esto fuera poco, el agua del baño sale amarilla (un orco dice que sale pis del grifo), por lo que cada vez que uno quiere agua hay que echársela de una garrafa (no es bueno deshidratarse, ¿verdad?); una especialista viene con dolores, por haber comido melón la noche anterior, así que no podrá coger al grupo para dar su clase y la hora para programar se esfuma (mierrrrda)...

Una vez en casa, el ratón del ordenador no tiene pilas, por lo que vuelvo a acordarme de Steve Jobs, que Alanis lo tenga en su gloria, y de la zorra de su madre, porque ahora que estoy en casa tengo que volver a la calle a por pilas. Y para rematar la jugada me toca cocinar la comida de mañana para todos mis compañeros... ¡Hasta el coño del bien común, el compartir las tareas, del Ché Guevara y de Carlos Marx! (¿Que por qué hasta el coño de ellos? El Señor Ogro no quiere contestar hoy a eso)

Pero justo, cuando el Señor Ogro está apunto de empezar a romper cualquier cosa con saña y premeditación... Llega la cena y hay pizza, porque es Jueves. En la cama veo una serie, mientras El Hambre me hace caricias en el pelo, y la cama ya no está tan fría como ayer.

Dan las doce, y a pesar de todo, el Señor Ogro no ha conseguido salir, algo de lo que me alegro porque podría haber arruinado mi vida sentimental, familiar, social y laboral. No obstante, es un hasta luego... Un día, sin querer, sin esperarlo y sin ningún motivo aparente... ¡Volverá! (Porque también es saludable, al menos de vez en cuando, estar un poco de mala leche porque sí...)

martes, 28 de febrero de 2012

Evaluaciones o "A ver, ¿qué habéis estado haciendo con la plasti estos tres meses?"

Llega el periodo trimestral que todo domador de orcos teme: las Evaluaciones o Revisión del trabajo para ver si el cambio a ser humano está siendo efectivo. Quizá en el caso de los Catedráticos de universidad la evaluación sea tan sencilla como el simple hecho de lanzar los exámenes al aire y aprobar a quien tengan las suerte de caer en la mesa ( si alguno está leyendo esto se sentirá muy ofendido, pero todos en la facultad hemos oído sobre vuestras prácticas de evaluación... ¡Y las hemos sufrido! Así que nada de hacerse las víctimas ahora); quizá algunos domadores sigan los pasos pautados por un libro y a la hora de valorar los avances simplemente pongan una cruz más arriba o más abajo ( en mi edificio vive un compañero de profesión, supuestamente de la misma etapa que yo, y cada día le veo volver con maletín y pantalones de pinzas... ¿Entendéis por donde voy?); pero por desgracia, mi proceso de revisión es algo más complejo, siguiendo unos pasos bien marcados.

Paso Nº 1 - ¿Qué hemos estado haciendo?

Sí es verdad, en mi trabajo utilizamos la plastelina (o plastilina), las tijeras, el pegamento, los lápices, las ceras, los pinceles, muñecos, cuentos, papeles de colores... Pero no por ello significa que no hagamos nada.  Algo habrá que agitar delante de los orquitos para que te miren, ¿no? Todos estos materiales son como la zanahoria que se pone frente al burrito para que camine (esta metáfora no es casual - guiño, guiño-). Para demostrárselo a los progenitores, hacemos una selección de los rigurosos, metódicos y precisos objetivos que nos marcamos con los monstruitos, y los evaluamos en función de los avances de cada pequeña criatura.
Ni que decir tiene, que para que estos objetivos sean creíbles, asumidos y aceptados por los padres deben ser a cual más incomprensible. De no ser así, nos refutarían todos y cada uno de ellos pues, por la naturaleza de nuestra profesión, el mundo entero se ve capacitado para opinar y deslumbrar a los profesionales de este campo con su amplia experiencia. ¿Quién se atrevería a decirle a un cirujano en plena operación si tiene o no que extirpar ese miembro? ¿Quién interrumpiría a un abogado en mitad de un proceso largo y costoso que podría hacernos millonarios o hundirnos en la pobreza? ¿Quién corregiría a un farmacéutico la fórmula necesaria para procesar un medicamento casi milagroso? Sin embargo, todos sabemos enseñar a leer a nuestros orcos adorados y tenemos el derecho y la obligación de hacérselo saber a su entrenador... ¡Claro que sí! Por eso, para frenar las ligeras opiniones acerca de nuestro trabajo, enrevesamos los informes, para que esos padres valoren y midan si realmente saben tanto como creen y nos lo demuestren... ¡Si pueden!

Paso Nº2 - Pero, ¿de verdad habéis estado haciendo algo?

Los dirigentes de los estados tampoco se fían mucho de lo que los domadores puedan o no trabajar con las criaturitas, por lo que mandan a su policía institucional o lo que ellos llaman Inspectores de Educación. Como no pueden estar todo el día sobre nosotros porque sería cansadísimo para ellos y para nosotros, lo que estos agentes nos exigen son las memorias de lo trabajado en los distintos trimestres. En el caso de aquellos que siguen lo pautado por un libro, lo tiene fácil, presenta el libro, presenta las actividades que éste propone pero ya realizadas por los enanos, y trabajo resuelto.
En el caso de nuestro centro de doma y crecimiento, tenemos que elaborar una memoria de las actividades que nos hemos ido inventado con los pequeñajos, ya que no tenemos un libro que seguir. Si eres metódico y riguroso, cada día puedes ir apuntando estas actividades, incluso describiéndolas en un documento de word, para que cuando llegue el momento sólo sea añadir fotitos y dibujitos (conozco casos que actúan así...) ¿Creéis que este es mi caso? Yo soy más de los que ejercitan la memoria y de los que tienen que ir consultando fuentes, investigando todo lo que hicimos hace dos o tres meses, contrastando opiniones... ¡Mucho más enriquecedor! ¡Dónde va a parar!
Además, para que estos inspectores tampoco ahonden mucho ni se pongan muy farrucos, volvemos a introducir los objetivos anteriores, igualmente elaborados y farragosos. Vaya a ser, que lo vean sencillito y quieran andar tocando las narices. 
Debo decir, en favor de los inspectores, que nos dejan bastante manga hancha y no se meten mucho en nuestro día a día, salvo cosas muy puntuales, y eso es de agradecer.

Paso Nº3 - ¡Mira que sí, que en serio que he hecho muchas cosas!

Tanto nos cuestionan nuestro trabajo, que al final comenzamos a dudar incluso entre nosotros mismos, por lo que hacemos Reuniones de Lamento o Reuniones de Evaluación. En ellas presentamos a nuestros compañeros y compañeras, así como a los dirigentes del centro, los avances y progresos de los orquitos, pero también nos descargamos y compartimos nuestras dificultades, necesidades y ausencias. Por norma general, tus compis se identifican contigo, te escuchan, te comprenden y te apoyan, a diferencia de los directivos que al no conocer prácticamente a los renacuajos, suelen permanecer ausentes, con la mirada perdida, conectando tan solo de vez en cuando en los momentos en que hablamos de todo aquello que necesitaríamos para que nuestro trabajo mejorase, instante en el que sonríen, hacen como que escriben algo en sus libretas o móviles e intentan darnos alguna respuesta que nos alivie. Es aquí cuando la tortilla se da la vuelta y nos responden con instituciones que no conocemos, términos económicos que se nos escapan y situaciones laborales que no llegamos a comprender, consiguiendo así que nadie hable ni replique pero asienta torpemente cual vaca que pasta feliz en su verde pradera del norte.

Todo este proceso de tres pasos (bastante resumindo, que tampoco es plan de aburrir), se prolonga a lo largo de tres o cuatros semanas... En mi caso, tras acabar con las mismas, me marcho a una granja tres días con los pequeñajos... Os aviso desde ya, que igual una noche de estas... ¡me harto de comer melón y me olvido de todo!

jueves, 23 de febrero de 2012

LISTOGRAFÍA Nº 1: Cosas que salvaría si mi casa estuviera en llamas

Hace unos meses me compré un libro con el propósito de entrenarme en esto de la escritura. Se titula "Listography. Your life in lists", y como habréis podido deducir, porque sois gente con criterio e inteligencia (por eso leéis este blog...), está lleno de títulos de posibles listas a confeccionar, y así contar tu vida a través de ellas. Como no sólo hay que escribir cuando viene la inspiración, sino que ésta te tiene que encontrar escribiendo, he decidido que cuando no tenga nada trepidante que contar (¡¡No puede ser Sr. Ombligo, si tu vida es la mar de interesante!!....), voy a tirar de lista y a relataros un poco mi vida y peripecias.

LISTA DE LAS COSAS QUE SALVARÍA SI MI CASA ESTUVIERA (O ESTUVIESE) EN LLAMAS.

En primer lugar, aclarar que el móvil no cuenta como cosa a enumerar en esta lista, ya que mi querido iPhone y yo somos uno, no se nos puede concebir el uno sin el otro y viceversa. Por lo tanto, lo salvaría, sí, porque lo contrarío significaría que yo mismo habría sido pasto de las llamas.

-    Hace un año y algo, más o menos para octubre, mi madre llegó con la eterna pregunta o quizá más bien reproche: " Vete pensando qué quieres para Reyes, que igual si me lo pides tarde no lo tienen  o los precios se ponen por las nubes, y yo no voy a andar de cabeza en estas fechas, porque luego está todo lleno de gente y... (unos minutos más tarde) ...y es que cuando eras pequeño regalarte era más fácil, además pasabas más tiempo en casa y te veíamos y sabíamos... (una hora más tarde)... así que este año no te despistes y me dices lo que quieres prontito, ¿vale?" ¿He mencionado ya que esto me lo suele decir en OCTUBRE?

Normalmente esta charla (anual) me resbala un poco, pero aquella vez me llegó a la patata... además de haber algo que me moría por tener: Jessie, la vaquera de Toy Story. Como fui un chico bueno, y lo pedí pronto, ¡me la trajeron! ¡Me hizo una ilusión tremenda!  Si le tiras de la anilla de su espalda... ¡HABLA! ¡Y lo mejor de todo es que tiene la voz de Joan Cusack! Desde el momento en que llegó a mi vida, no se ha separado de mi mesa/escritorio y es testigo de todo lo que escribo, leo, busco y encuentro, además de ser musa de muchas fotografías y chuminadas varias que se me van ocurriendo. Creo que la ilusión que me hizo sacarla de su envoltorio, así como los buenos ratos que me paso con ella, hacen que merezca salvarse de las llamas.

-    Cuando descubrí que las varitas de Harry Potter se vendían al público y eran asequibles a mi bolsillo, no pude más que comenzar una colección, que ya se compone de seis piezas... Perdón, me comunican por el pinganillo que se compone de siete. Teniendo en cuenta, que debo salvar alguna cosa más de la destrucción que supone un incendio, y que para ello necesitaré mis manos y brazos, en esta crítica situación salvaría cuatro: la de Cho Chang, regalo de cumpleaños de El Hambre; la de el Profesor Slughorn, porque fue la segunda y es muy rara; la de Ojo loco, porque es chiquitita, cabe en cualquier lado y fue una ganga que encontré en internet a mitad de precio; y la de McGonagall, porque es la de mi personaje favorito.
Se que estáis pensando que ante una situación extrema hay que salvar lo importante de verdad...Pero es que desde que llegaron las varitas, me he acostumbrado a ver series y películas con alguna de ellas en la mano... Si no es así... ¡Ya no lo disfruto! Así que, como podéis ver, las varitas para mí son importantes.

-    Salvaría tres libros: mi ejemplar de Momo, subrayado y comentado, el libro que más me ha gustado de siempre, el que más me ha llegado, y me llega, cada vez que lo he leído. Gracias a esta historia, el tiempo en mi vida ha adquirido otra dimensión y la forma en que miro a las tortugas ya nunca será la misma (y no es nada sexual, ¡mentes calenturientas!); La torre de los siete jorobados, una divertida historia en el Madrid castizo de chulapas y cuplés, regalo inesperado de mi queridísimo Toto; y El Arte de las Princesas Disney, un libro de ilustraciones preciosérrimo que encontré en The American Book Center, la última vez que estuvimos en Holanda, y que me regaló El Hambre por Reyes. Aunque penséis que es una cursilada (prejuiciosos), deberíais echarle un vistazo si tenéis oportunidad o la suerte de visitar mi morada.

-    Hace mucho, mucho tiempo (entorno a doce o trece años, pero a mí me parece que fue en el pleistoceno), cuando aún no existía Harry Potter, ni varitas que coleccionar, tuve otra obsesión: los broches y las chapas. Alcancé a tener una basta colección, de motivos, formas y colores la mar de variados. De hecho, trabé amistad con la mejor creadora de adornos de este tipo hasta el momento, al menos para mi gusto, Claudia Bicharraca, cofundadora y alma de Mirada de Vaca. Según ha ido pasando el tiempo esta pasión  (suena mejor que obsesión...) se fue debilitando, pero guardo con mucho cariño dos cajas de aquellas chapitas, chapas y chapones. En esta situación, y ante la urgencia, salvaría una de ellas, dejando en este caso elegir al destino cual de las dos, pues cogería una y seguiría corriendo y gritando entre las llamas.

-    Como se habrá podido observar, me encanta coleccionar y atesorar, por lo que suelo guardar pequeñas cosas a modo de recuerdo, en las cajas de colonia que cada año Su Alteza Real, el Rey Gaspar se congratula en obsequiarme. Así en ellas se puede encontrar Post-it con dedicatorias, fotos, llaves viejas, entradas de cine, museos y teatros, llaveros usados y desgastados, muñecos y no, para los fanáticos de Friends, os comunico que no tengo ninguna cáscara de huevo del primer desayuno que me trajeron a la cama (entre otras cosas porque NO me han traído aún el desayuno a la cama... El que quiera leer entre líneas...). Cajas de recuerdos, tengo tres, así que de nuevo el destino se encargará de elegir por mí una de ellas.

-    Cuando era orco (sí, sí, lo hemos sido todos, preguntad a vuestros ancestros, que os tuvieron que soportar...), algunos fines de semana solíamos ir a ver a mis tíos, y por ende a mis primos, Sito y Sanita. Tenían de todo, los He-Man, los muñecos de Star Wars, las Barbies... Y una amplia colección de discos que me ponían para que escuchase, ¡en su propio tocadiscos! En una de esas tardes, mi prima, seis años mayor que yo, abrió la caja de Pandora y como si nada puso el True Blue de Madonna. Como me quedaría de embobado con aquel disco, que mis padres lo compraron a la semana siguiente, y durante años, no escuché más música que aquella. En el salón, en mi cuarto, en el baño durante la ducha, en el coche, en el walkman (¡Por el amor de Alanis, el tute que le dí a aquel cacharro y a aquel vinilo!). Aquel disco ahora se encuentra conmigo, durmiendo en mi salón (como ya se puede imaginar) ¡Y ni de coña le dejaría arder!

Tengo más cosas que me encantaría salvar, pero seamos realistas, ¿tendría tiempo para ir a buscarlas? ¿Me acordaría de cogerlas todas? Creo que el hecho de hacer esta lista me prepara para esta situación, que espero no se de nunca, pero que... ¿quien sabe? El fuego es muy traicionero casi tanto como el melón cuando lo tomas por la noche, por lo que tener estos objetos en mente, no está del todo mal. ¿Sabéis vosotros lo que salvaríais?

jueves, 16 de febrero de 2012

Excusas para no empezar

Vale lo admito, tengo un problema enorme con los principios. No se si será algo habitual en más gente, incluso me da la sensación de que hay personas a las que lo que les cuesta es terminar. Empiezas algo, lo vas haciendo y a la mitad te aburre y lo dejas, vale, de acuerdo, lo entiendo, pero a mí eso no me pasa. A mí lo que me cuesta un mundo es empezar.

El caso es que una vez metido en faena, el resto es coser y cantar, termino lo que sea y lo hago de rechupete, pero eso sí cualquier cosa me vale para dar largas al comienzo.

Excusa del tiempo:
- ¡¡Puff!! ¡¡Qué tarde es!! ¡¡Ya nada!! Si ya casi es la hora de cenar... 
"Son las siete y media, Señor Ombligo. España sigue siendo el sur de Europa, no hemos sido invadidos por los nórdicos... (Con esto mi conciencia se refiere a los habitantes del norte de Europa, no los edredones, ¡claro!)

Excusa de la salud:
- ¡Buenoooo! ¡Es que creo que me duele la cabeza y no va a poder ser, además estoy cansadíiiisimo! ¿Tú sabes la tarrrrrde que me han dado los orcos? ¡¡Ha sido un no parar!! ¡¡Me tienen la cabeza loca!! Además ayer por la noche comí melón... ¡¡Y qué nochecita he pasao!!
"Efectivamente caballero, CREES que te duele la cabeza, porque sabes de sobra que no te duele, ¡jodío! Los orcos hoy parecían elfos, de lo bien que se han portado. Y en cuanto a lo del melón, ¡¡de verdad que me tienes frita!! ¡Lo que tienes es un morro que te lo pisas!"

Excusa de cualquier cosa es buena:
- ¡Pero mira estos de Facebook la pestañita nueva que han metido! Por favor, que inventazo, es que te pasarías el día dándole sin parar. Se lo voy a recomendar a mis amigos, que hagamos un grupo nuevo en favor de la pestañita. Cómo hemos podido existir todo este tiempo hasta ahora, así a nivel humanidad, sin la pestañita. ¡Por Alanis Morissette! 
"Bonito, ¡ese botón es el de Me gusta! ¡Está ahí desde la creación de la red social en cuestión! :__(" (Mi conciencia empieza a llorar).

Muy unida y muy parecida a la anterior, con el mismo nivel de enganche y poder evasor para iniciar algo es la: Excusa de la tele:
- ¡Sniff! ¡Pobre chica! Embarazada a los dieciseis, no sabe si dar al niño en adopción, sus padres la presionan para que lo haga y su novio es un mamón, ¡que casi ni la mira a la cara! Y lo que viene después ya es la monda, una pobre chica gordita que quiere triunfar en la moda en el Reino de los Cuerpazos, que cuando la preguntan lo más simple del mundo en una entrevista de trabajo no sabe que contestar. ¡Sniff! ¡Sniff! Y lo peor de todo es, ¡¡que si no la cogen dice que es porque es negra!! ¡¡Buaaaa!!¡¡ Cómo puede la vida ser tan injustaaaa!!
"........................................." (Aquí mi conciencia entra en coma, algo sabio por su parte, pues en muchas ocasiones la he sorprendido intentando levantarme del sillón, mientras mi cuerpo inerte no se movía, absorto en este tipo de tramas. Pobrecilla).

Excusa de "lo de los demás es taaaan bueno....":
- Si es que al final, ¿para qué? ¡Si ya hay un millón de cosas parecidas! Y lo mío tampoco es tan interesante. Además, tampoco me sale tan bien como yo pienso, y no me va a llevar a ningún sitio...
"Pues tienes razón, lo que quieres empezar a hacer es una mierrrda pinchada en un palo. Hay un huevo de cosas similares y con toda sinceridad te digo, que lo tuyo es infinitamente peor. ¡Convéncete! ¿Además, sabes que están echando el programa de la peluquera regañona, que endereza negocios maltrechos?" ( Sí, queridos míos, en ocasiones mi conciencia se harta, y se vuelve en mi contra... No la culpo, yo también me cansaría de ser mi conciencia...)

Pero ya he tocado fondo, estoy hasta la coronilla de ver pasar las tardes, de no hacer nada con mi vida y de interesarme por niñatas estúpidas que no fueron capaces de comprar un preservativo. Voy a hacer que mi conciencia se sienta orgullosa de mí, voy a volver a escribir, como ya empecé en Septiembre. Voy a volver a dar la murga al ciberespacio con mis idioteces bloggeras, aunque no las lea ni el tato, aunque las haya mejores y muchísimo más divertidas y bien redactadas, porque cuando lo hago me molo, me siento en paz con el universo y tengo la idea provinciana de que algún día alguien lo leerá y le gustará. Es más, igual, en un arranque de creatividad y locura, empiezo a hacer broches, cojines, muñecos, camisetas, cuentos e ilustraciones, porque hoy Sr Ombligo, deja atrás las excusas y empieza de nuevo...

miércoles, 4 de enero de 2012

A/A Sus Majestades los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Sí, ya se que escribo muy tarde la carta, pero la verdad que llevo unos meses ajetreados y desconcertados, por lo que no tenía muy claro lo que quería con exactitud. La verdad es que aún no lo he pensado mucho, pero si no la escribo ahora, quizá no os de tiempo a encontrar lo que quiero para mañana por la noche... (como es una carta no lo veis, pero estoy torciendo la cabeza, pestañeando sin parar y sonriendo mucho, mucho, tanto que la cara no me da para más sonrisa. Esto es lo que os gusta, ¿no?). 
Además he sido muy bueno, he trabajado mucho, me he peleado con los pequeños orcos, he colaborado con mis compañeros domadores (tragándome a veces mi orgullo, que no podéis imaginar lo que se atraganta), he intentado ser un buen compañero de piso (mordiéndome en ocasiones la lengua, que no sabéis lo mal que sabe el veneno), así como un buen compañero de vida (incluso he ido a ver la cuarta de Crepúsculo, tan sólo porque al Hambre le gusta, y eso sí que es portarse bien), y he intentado ser también un buen hijo y hermano. Así que si las cuentas no me fallan, lo siento chicos, pero tenéis que hacer el esfuerzo. De todas formas no os preocupéis, no os voy a pedir una Monster High, y lo que quiero quizá me lo podáis ir trayendo a lo largo del año, con que llegue me daré por satisfecho.

En primer lugar, quiero que mi vida sea divertida y animada. Se que yo pongo mucho de mi parte, y que no me puedo quejar, pero sí me gustaría que este año fuese más movidito que otros. Y con movidito no quiero malas interpretaciones y que sucedan cosas malas, que ya voy conociendo a los de vuestra calaña. Lo que quiero son viajes, fines de semana memorables, pasar tiempo con la gente que quiero, y, si puede ser, algún pequeño cambio que haga que todo vaya a mejor, pero nada drástico que no tengo yo la espalda para disgustos ni meneos fuertes (a no ser que os apetezca traerme un super premio en la lotería, a ese cambio no pienso hacerle ascos).

Al Hambre quiero que le traigáis un trabajo aquí en España... Bueno, primero que acabe lo que le queda y después, que rápidamente encuentre un trabajo. Esto no es para mí... pero sí indirectamente, porque si él encuentra un trabajo, podremos vivir solos en un piso, y así poder intentar tener yo un perro y él una pecera (con peces, claro). Y si podemos costearnos el vivir solos, significará que podremos ahorrar un poquito, para que a lo largo del año podamos viajar juntos y que de esta manera mi vida sea más divertida y animada. Por lo que si le traéis esto a él, estaréis contribuyendo a que llegue mi primer regalo (¡¡No me digáis que no os lo pongo fácil!!).

A Papá Ombligo y a Mamá Ombligo, quiero que les traigáis el disfrutar de su nueva residencia. Que puedan aprovechar mejor su tiempo y que vivan este momento que la vida les regala, porque de ser así, podré seguir quedando con ellos algunos días cuando Papá Ombligo salga de trabajar e ir al cine o a cenar o a dar un paseo a disfrutar del atardecer de nuestra ciudad, lo que significará que de nuevo mi vida está siendo más movida y animada.

Al Pitufo Filósofo y Sra. me gustaría que les trajeseis tiempo, para que no se agobiasen tanto con la infinidad de cosas que tienen siempre en mente, para que así pudieran trabajar, crear y pasar tiempo juntos, sin prisas y disfrutándose como sólo ellos saben disfrutarse el uno del otro. Porque si lo consiguieseis se podría organizar todo mejor para poder comunicarnos más, vernos más y puede que hasta abrazarnos más, obsequiándome de nuevo con lo primero que os he pedido. Ya se que esto es un regalo bastante difícil de conseguir y de dar, pero para eso sois "Magos", ¿no? Además, ya os he dicho que tampoco tenéis que traerlo mañana, vosotros os lo vais pensando y ya se os ocurrirá algo (...Yo que se... Si no se os ocurre nada preguntarle a J.K. Rowling, que para estas cosas es muy creativa).

A Carrie Lee quiero que consigáis que le paguen como es debido todo el trabajo que realiza, y también que todas las cargas que ahora mismo tiene le sean más ligeras. Se que en esto tendré que ponerme yo las pilas y echarle un cable acompañándola a los profesionales que saben de esto, pero por eso no os preocupeis porque pienso ayudarla todo lo que pueda. Porque si consigue estas dos pequeñas cosas, estará mucho más contenta, saldrá más, irá a más restaurantes y abrirá un blog culinario, y yo, que estaré a su lado, me divertiré mucho, me reiré y lo pasaré en grande, consiguiendo así una vida más divertida y animada. Por si no ha quedado claro, aquí lo que os pido es un poquito de buena suerte y ánimo.

Para la Srta. Spoon quiero que le alivieis las cargas y que cada vez haga mejores fotos, para que no se lleve esos berrinches y pueda verla reír más y bromear más, porque me encanta reírme con ella, y pueda ganarse unas perrillas extra con la fotografía, que así nos lleva por ahí de fin de semana a sacar fotos de paisajes y las fotos que nos hacemos en vacaciones son cada vez mejores. Como podéis ver, todo sigue llevando a lo mismo: deseo de Reyes número uno.

Y para Beqad me gustaría que le trajerais un programa nuevo, o ese al que lleva tanto tiempo dando vueltas o uno totalmente distinto, atractivo e inovador que todos los anunciantes quieran patrocinar, para que nos pueda invitar a eventos interesantes con pases de prensa, y nos siga contando todo lo que se cuece en el mundo informativo. De esta forma podrá seguir adentrándose en el mundo del Gin & Tonic y nos abrirá nuevos horizontes al Hambre y a mí (y esto para mí, es de lo más divertido y animado, que no os podéis ni imaginar lo que me engancho yo al micrófono de un karaoke cuando llevo tres G&T de Bloom...)

Me gustaría seguir pidiendo cosas para otros, que en realidad repercuten en mi interés y beneficio, pero entiendo que no sólo os podéis ocupar de mí y mis deseos, así que con estos, creo que el punto número uno se va a ver bastante cumplido.
Espero que mañana tengáis una noche tranquila, sin grandes imprevistos y que todas las Monster High y Beyblade lleguen sin problema a cada orco. Pero sobre todo, si llegáis a alguna casa en la que en lugar de algún dulce o vasito de lácteo o licor, lo que os han dejado es melón, desconfiad, puede que sean Testigos de Jeová intentando sabotear vuestra noche, porque ya sabéis que esta fruta por la noche mata.

Un abrazo fuerte y Feliz Noche.

P.D: Así en plan consumista, ¿me traeríais el juego de la PSP, Patapón 3?... Bueno, si no podeis dejadlo,  ya me lo compro yo, con lo de arriba me vale. ^_^

miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿Por qué los llamo orcos cuando quiero decir...?

Llevo ya unas cuantas entradas en las que hago mención a mi trabajo y a los protagonistas del mismo, y quizá dé la sensación de que los entrenadores de orcos somos unos seres odiosos, asqueados de lo que hacemos, que no pueden ver a los niños.

Bueno, os voy a contar mi vida. Tengo una madre a la que le encantan los infantes y se le da de rechupete el trato y manejo de los mismos. Por suerte o por desgracia, mi hermana y yo hemos heredado dicho don, por lo que nos es muy sencillo relacionarnos con los niños, y comprender fácilmente que les pasa por la cabeza. Debido a esto, sería de tontos por parte de la Sra. Otis (apodo que decido en este instante poner a mi hermana) y mía no dedicarnos a la educación de las futuras generaciones en los primeros años de edad (ella de 0 a 3, yo de 3 a 6). Hasta aquí todo bien. 

Pero, ¿qué pasa si tampoco es que te encanten? Cuando iba a la facultad, recuerdo a mis compañeras todas encantadas de ir a clase, con sus carpetas forradas de bebés, recortados de revistas de pre-mamá, mientras mi grupo de compañeras y yo nos saltábamos algunas clases y jugábamos al mús como todo universitario que se precie. De hecho, íbamos a jugar al mús a la cafetería de Magisterio de Educación Física, porque tenía piscina cubierta y podíamos intercalar cuerpazos nadadores (que esos sí que eran para tenerlos en las carpetas) con órdagos y envites. Fue en este momento cuando mi vocación por la educación comenzó a tambalearse.

Después llegó mi época como monitor, en la que me gustaba organizar los campamentos, preparar juegos, crear dinámicas, era un experto en canciones y animación de actividades nocturnas... Ahora, lo que de verdad me gustaba era el ratito que teníamos los monitores para nostros por las noches, después de las evaluaciones, conociendo a gente nueva, haciendo un poco el cabra... De nuevo las dudas existenciales acerca de lo que estaba estudiando y en lo que se suponía que quería invertir, al menos, parte de mi vida.

Y después llegó el colegio. Programaciones, evaluaciones, actividades, claustros (aunque en nuestro centro son un poco vaguetes y sólo hacen uno o dos al año), a la vez que en verano coordinaba campamentos. Recuerdo que en una visita para llevar material a uno de mis grupos de monitores, en mitad de una conversación acerca de los niños, dije algo así como...

- Pues a mí, cuanto más trabajo con peques, menos me gustan y menos ganas tengo de ser padre.

¡Alanis mía! Todos se apartaron de mi lado dejando espacio, como si hubiese confesado tener la peor de las enfermedades víricas más fáciles de contagiar. Y después, silencio incómodo... toses... y poco a poco fueron desapareciendo de la sala, dejándome solo colocando el material.
Quizá ellos no lo entendieron, y no quisieron indagar por si les envenenaba con mi "Hechizo Herodes", pero es un trabajo muy cansado, y cuando sales, seguir tratando con niños cada vez me apetece menos. Llegar a un restaurante y que en la mesa de al lado haya unos niños jugando, o gritando, o llorando, o tirándose cosas entre ellos, cuando te pasas el día en el COLE con 21 orquitos jugando, gritando, llorando y tirándose cosas entre ellos, la verdad que no. Seguro que a los ginecólogos y los urólogos les pasa lo mismo cuando les dicen de ir a una playa nudista, y no por eso les harán corrillo y les dejarán solos colocando sus cachivaches de reconocimiento.

Poco a poco y con la experiencia, me he dado cuenta de que estoy en el camino correcto. Lo que a mí me gusta en realidad no son los niños, sino la EDUCACIÓN. Y esto creo que es algo fundamental. Los infantes están creciendo y sorprende la cantidad de estrategias que utilizan para desarrollarse y conseguir sus objetivos. Prueban con una y si no funciona buscan otra. Por norma general, e imagino que está en nuestra naturaleza inicial de orco, las primeras estrategias suelen ser violentas, retorcidas e impactantes y si no eres frío y te mantienes al margen de lo mucho que te puedan gustar o no los peques, si no fijas tu objetivo en la EDUCACIÓN, los alevines pueden llegar a dominarte y hacerte la vida imposible. Suena fuerte, pero es cierto, y no es bueno para nosotros, ni para sus Pokemon, ni para la sociedad actual o futura. Porque nuestra función no es que nos gusten los niños, sólo, sino educarles para que dejen de ser orcos y empiecen a ser personas (Que algún maestro no se percató de esto y mira en lo que se ha convertido Mariano Rajoy, todo un Uruk Hai).

Aun así, hablando con mi compañera en la doma del orco, Argominable, hay trabajos mucho peores y que desde luego no nos gustaría tener que hacer, porque en éste cantamos, pensamos, nos escuchamos, nos reímos, vemos como van creciendo los renacuajos, inventamos, nos hacen dibujos, nos dan besos espontáneos y por sorpresa, actuamos, creamos, contamos cuentos, nos gastamos bromas y recibimos piropos tan bonitos como: ¡Eres tan divertido como un parque de atracciones!
Por todo esto y más, trabajar con orcos me gusta... Aunque a veces haga ver que no... ¡Y juraré no haber dicho esto!

Y recordad siempre, que el melón por la noche mata.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Sí, soy del grupo de los feos.

Llevo unos días que la apatía me inunda, me envuelve, se apodera de mí y me impide hacer nada. Sospecho que se debe a que llegan las navidades, y con ellas las evaluaciones del primer trimestre, que sinceramente son un coñazo (muchas horas, trabajo para casa y mucha redacción académica). Así que si alguien nota que este post tiene poca sustancia, no se lo tengáis en cuenta a mis apáticas neuronas, están cogiendo fuerzas para lo que está a punto de comenzar.

Yo tenía un amigo, que vivía en la periferia de Madrid, y durante su infancia, adolescencia e inicio de la vida adulta, sólo se acercó al centro en ocasiones señaladas y para salir de noche. De pronto un día decidió hacer unas oposiciones para incorporarse a una empresa de limpieza de jardines y mantenimiento de parques (o algo así creo que era), con la suerte de que le cogieron. La pega era que debía madrugar y trabajar en el Centro. Tras varios meses de trabajo me dijo:

- ¿Sabes, Sr Ombligo, de lo que me he dado cuenta? Que la gente que va en el transporte público es muy fea.

Por la parte que me toca, estuve barajando la idea de darme la vuelta y no volver a hablarle en la vida, pero debo reconocer que este chico era aficionado a las sustancias alucinógenas, y no quise tomárselo en cuenta (Animalito...) Pero desde ese día me he ido fijando en este hecho y... Qué podría decir... 

Sin embargo, esta semana tuvo lugar un acontecimiento que me ha hecho ver esto de otra manera.

Al salir del Centro de Entrenamiento Cognitivo para el Desarrollo de Orcos en Vías de Crecimiento, o como todo el mundo lo llama COLE (ya se que no se corresponden las siglas, pero no siempre se corresponden, que mira que somos meticulosos... Ya he dicho que mis neuronas están de vacaciones), iba al metro con mi compañera, la Tole, donde a lo lejos divisamos en el andén a una pequeña orquita con su pokemon. Una vez cerrado el chiringuito, por norma general, a los profes nos suele dar bastante pereza cruzarnos con algo que tenga que ver con el trabajo, sobre todo en lo referente al trato con pokemon, así que nos hicimos los "longuis" (¡Qué termino más desactualizado!) y como el que no quiere la cosa nos fuimos a la parte delantera.
Relacionarnos con los susodichos nos da pereza, pero observarlos en las distancia y criticarlos un poco... pues no, para qué negarlo, y como ahora los metros van seguidos y se ve todo desde cualquier punto, pues nos pusimos al tajo. Curiosamente, me vino a la memoria la observación de mi amigo y me fijé un poco en las personas con las que compartía el espacio móvil subterráneo, y pensé: La gente no es fea, lo que pasa es que va descuidada, cansada y harta, pero ya está.

Y entonces, rompiendo mi estado de divagación y mi actividad crítica gratuita con la Tole, mezclado con la masa que subía al metro en la parada, apareció un dios.
Mediana estatura. Pelo moreno con canas, peinado en una cresta, pero sin llegar a ser moderno. Piel morena y barba de tres días. Ojos color miel, nariz recta, boca media y labios finos. Camisa a medio desabrochar, enseñando pectoral y vello (pero el justito), con las mangas remangadas hasta el codo enseñando un antebrazo marcado... Y lo que más me sorprendía, y quizá lo que más me atraía a mirarle, era su expresión de sentirse perdido y desprotegido (como cuando has comido melón por la noche y piensas que quizá te mate). Quizá, con la descripción que acabo de hacer, se pueda pensar: "Bueno, tampoco es para tanto, no es mi tipo". ¡Error! Todo el vagón le observaba. De hecho, Tole y yo nos miramos sobresaltados para descubrir que nuestras pupilas estaban dilatadas de puro asombro.

Entonces en medio de aquel éxtasis colectivo, el hombre me mira fijamente... Noté cómo me crecían dos coletas y un flequillo, en mis dientes brotaba un corrector, mis gafas se volvían de culo de botella y un grano palpitaba en mi nariz de repente. Me faltó sonreír cual Betty, la fea, tras una carpeta llena de pegatinas de los chicos de Sensación de Vivir. Ante aquella mirada, me sentí adolescente patizambo de nuevo. ¡Qué horror!

Y entonces lo vi claro, mi amigo tenía razón. Aquel Adonis no estaba acostumbrado a montar en metro y ante el panorama estaba asustado, viendo cómo podría ser que el transporte público estuviese plagado de tanta gente fea, entre los que por desgracia debo incluirme. 

Sin embargo, prefiero ser de este grupo. Me encanta haber tenido que luchar con macarras de piernas abiertas, para ganar algo de espacio en mi asiento, pues ahora mis piernas son más fuertes; haber contenido la respiración durante un trayecto entre paradas, porque el señor que está agarrado a la barra del techo huele a sudor que tira para atrás, pues ahora mis pulmones son más resistentes y mi pituitaria es a prueba de bombas; haber sido capaz de arrebatarle el sitio a una vieja carroñera de asientos en pleno  ataque, pues ahora soy más veloz. Sí soy del grupo de los feos pero, ¿no dicen que si hay una guerra nuclear las que resistirán son las cucarachas? ¿Acaso son los animales más hermosos de la naturaleza? Son los mejor adaptados. Yo no quiero una cara de espanto en el transporte público, quiero experiencias que me hagan más fuerte, y sin lugar a dudas, el metro es una.